La trampa del «revolving»


Hace diez años la banca vendía con impunidad un producto con rentabilidad grande y letra muy pequeña. Se llamaban participaciones preferentes, y resultaron un escándalo mayúsculo. Se colocaron masivamente entre clientes sin experiencia, algunos analfabetos que firmaron con su huella dactilar. Sin control alguno ni advertencias de los reguladores, que se llevaron un rapapolvo social considerable y merecido.

Ahora, en pleno apogeo del consumo rápido, la fórmula de la trampa se llama tarjeta revolving (que suena a revólver, sí, a atraco) en la que los intereses de usura parecen lo de menos. Lo de más es que no se terminan de pagar nunca. Dice el Banco de España en uno de sus últimos informes que no resulta «sencillo» ni «comprensible» que el cliente sepa cuándo terminará de pagar su pequeño crédito. Pero se ha quedado ahí, en un aviso en unas líneas en un informe de un alto funcionario. Están a tiempo de evitar otro bochorno.

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