Sin sorpresas, con preocupación


El 2 de diciembre no fue día de sorpresas. Ni por la elevada abstención ni por el reparto de votos, si exceptuamos la elevada confianza que ha logrado Vox. No me sorprendió la desafección a los socialistas, ni a los populares ni a los podemitas, ni en sentido contrario los doce diputados ganados por Ciudadanos.

Tampoco han logrado sorprenderme los partidos políticos con sus posiciones poselectorales. Ni siquiera el presidente del Gobierno con su mutante estrategia presupuestaria. Pero todo ello no evita que la preocupación se extienda. Sobre todo por la situación económica y social derivada de la crisis de 2008, con sus secuelas de desigualdad y precariedad. También por la estrategia soberanista de la derecha catalana de Artur Mas, y por la situación política y su gestión desde la pérdida de la mayoría absoluta popular en 2015, con repetición electoral seis meses después, y las sucesivas crisis institucionales vividas, sin olvidar la abstención socialista en la investidura de Rajoy, la aplicación del 155 y la moción de censura.

No me sorprenden los reiterados paralelismos con una historia del primer tercio del siglo XX, que tan mal nos enseñaron, donde me resulta difícil ver al presidente Aznar como émulo de un Herrera Oria o mismo de un Gil Robles. Por lo que las extemporáneas manifestaciones antifascistas (sic) convocadas después de las elecciones, con sus «no pasarán» callejeros opuestos al «a por ellos», afortunadamente tampoco tendrán que ver con aquellos dramáticos sucesos del 34.

Reconozco mi sorpresa sin embargo con ese Aznar que no votó y criticó la Constitución del 78 y que hoy se atreve a otorgar cartas de naturaleza constitucionalista. Excluyendo al Partido Socialista y acogiendo a Vox y a su líder, «un chico lleno de buenas intenciones».

Pero la razón de esta falta de sorpresas, además de mi posible ignorancia sobre lo que sucede en este país, se sostiene en que esa mañana del dos de diciembre dos periodistas, Juan Carlos Martínez y Enric González, me hicieron reflexionar sobre algunos problemas de nuestra realidad. Uno titula Jóvenes hasta los cincuenta, el otro El fascismo que viene. Merecen la pena.

Quizás sea en esos jóvenes, forzados a serlo hasta los cincuenta, donde se encuentre gran parte de la abstención y desde luego votos hacia Vox y Ciudadanos. El presidente Sánchez en una entrevista emitida el martes anunció otro «plan de empleo juvenil». No debiera jugar con ello, ya lo hizo el anterior Gobierno.

Me encuentro entre quienes se resisten a los adjetivos aplicados alegremente o con furia y sin rigor. Más si son del tenor de fascistas, golpistas, racistas, o terroristas. Lo que no impide que sepa que la democracia, antagónica con todo ello, consiste en un sistema de dos ecuaciones que permite el gobierno de la mayoría y a la vez garantiza los derechos de las minorías. Y no solo es el Gobierno de la mayoría. Sin olvidar que las mayorías y las minorías, si la democracia lo permite, son cambiantes y contingentes.

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