Combate nulo


La enésima reunión entre Marruecos y el Frente Polisario es un tímido paso para atisbar en el lejano horizonte unas imposibles negociaciones que pongan fin a una situación insólita en el mundo entero: en pleno siglo XXI está pendiente la descolonización de un territorio que, para más complicar el escenario, ha sido ocupado por el país vecino. El resultado del encuentro de estos días será nulo en el fondo, porque ni el ocupante está dispuesto a volver a sus fronteras ni los más de 170.000 refugiados que se hallan en suelo argelino -tras escapar de bombas de fragmentación, como en su día demostró este periódico- van a recoger sus bártulos y levantar sus tiendas en los alrededores de lo que fue sus casas, ahora ocupadas por marroquíes.

El desacuerdo es total, como confirmó este cronista cuando asistió a los impedimentos que ponía constantemente Marruecos a la hora de elaborar el futuro censo de votantes. Pero tras diez viajes a Argelia y al Sáhara controlado por el Frente Polisario -incluso en plenos combates en 1988-, no es posible afirmar que los refugiados se van a rendir algún día. Como decía uno de ellos, «podremos convertirnos en los gitanos errantes del Magreb, pero un día volveremos a nuestra casa».

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