La política de hologramas


El otro cambio político que se vivió el domingo fue el de los hologramas. Hacía tiempo que podía pensar que Ferreras era un visionario, pero realmente acertó en su especial informativo porque sus augurios se cumplieron: puso en el plató a unos seres estáticos que parecían reales, pero que si te fijabas bien no hacían nada. Se puede pensar que es un nuevo modo de hacer política, pero es todavía mucho mejor: es otro modo de atraer a los espectadores. Los hologramas y toda la tecnología que conllevan están recolocando a los presentadores de la tele, que han encontrado una herramienta muy graciosa de llamar la atención. Al menos la de algún público, que el domingo se quedó maravillado con esas figuras políticas de nivel que apoyaban los diálogos de Ferreras. Tal es su poder hipnótico que por un momento hubo alguna audiencia obnubilada en ver cómo de los cuatro candidatos expuestos -Susana Díaz, Moreno Bonilla, Juan Marín y Teresa Rodríguez-, la única que se movía durante el debate virtual de La Sexta era esta última, porque los otros estaban mirando inmóviles a la cámara. Pero el poder de Ferreras es, ya lo digo, el de todo un visionario: de tanto hablar de esas cuatro estatuas de pega se le olvidó el auténtico protagonista de la noche, el candidato de Vox, que no asomó en su plató. Pero se lo ha ganado. Francisco Serrano, aquí se lo avanzo, ha pasado desde ya a la categoría de holograma.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos
Comentarios

La política de hologramas