Quim Torra y el «despacito»


El president soñaba despierto. Había heredado esa costumbre de su antecesor, un irresponsable que decidió sacrificar la autonomía de su pueblo en pos de una quimera. Aquel hombre huyó y ahora vive en un pliegue del espacio-tiempo, ajeno a la realidad en una mansión curiosamente situada en el escenario de una batalla trascendental, Waterloo, donde Napoléon perdió su corona y él puede soñar a gusto sobre imposibles independencias. Pero su sucesor no tiene la misma suerte. Y lo han despertado de su duermevela perpetua de manera brusca y terrible.

Han sido los médicos y los profesores catalanes los que han dicho basta ya. Los que gritan en la calle y en la Red -han hecho viral una versión reivindicativa del Despacito- contra la precariedad, el desgobierno y la inacción del govern que preside el soñador Torra, que calla y aparentemente no comprende cómo los ciudadanos prefieren servicios públicos dignos a imaginados paraísos de la autodeterminación. Y cuando vuelve al mundo onírico piensa: ¡Habrase visto tamaña desfachatez! ¿Serán todos botiflers (traidores)? A los generales romanos victoriosos se les recordaba que eran mortales. A Torra un funcionario debería de susurrarle cada día «no digas que fue un sueño» para recordarle que es president y que debe gobernar, aunque sea «despacito».

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