Si estudias... harás lo que te deje el mundo


El lunes 19 recibí del ministro de Ciencia, el astronauta Pedro Duque, uno de los premios nacionales fin de carrera universitaria, por mi grado en Química, correspondiente a aquellos que finalizaron sus estudios en el curso académico 13/14, y sí, el retraso de la convocatoria fue de casi 4 años. Unos años en los que he terminado un máster y me encuentro a punto de acabar un doctorado, ambos en la Universidad de Barcelona. Esto último, un doctorado, que implica trabajar en una universidad 3-4 años y llegar a conseguir el reconocimiento académico más alto posible, es el camino seguido por muchos de los otros premios nacionales.

¿Valió la pena? ¿El premio supone algo? ¿Qué perspectivas tienes? Valió la pena, porque la persona que soy hoy en día es el resultado de toda la formación, trabajo y esfuerzo de estos años. El tardío premio es un chute de moral y algo de dinero extra que me ayudará a vivir relajadamente unos meses a pesar de mi sueldo precario en Barcelona.

Mis perspectivas han cambiado mucho, ya que pensaba que si llegaba a ser de los mejores, la Universidad tendría un sitio para mí. Con la crisis, trabajar en la Universidad se ha complicado más de lo que ya era. Los recortes pararon en gran parte la renovación del personal estos años, formando un embudo de gente que ahora no tiene sitio. No son pocos los doctores que tras años en el extranjero no consiguen estabilizarse en la universidad española con un contrato acorde a su categoría hasta los 40 años. Esto lleva a mirar otras opciones: emigrar, a países como Francia o Alemania que durante la crisis aumentaron su inversión en I+D+i en vez de bajarla como España; trabajar en la industria; o reinventarse, por ejemplo, en la educación secundaria, la opción de futuro que más me atrae en este momento.

Tener un buen expediente, varios títulos y el reconocimiento del premio será algo que me ayude, sea cual sea mi camino, pero lo frustrante y precario de mis perspectivas hacen evidente que el ascensor social que pudo llegar a suponer la generalización del acceso a la educación superior, se ha roto, y el teórico fin de la crisis no parece que vaya a arreglar esto en los próximos años. Los gobiernos deberían ser capaces de hacer autocrítica y no tirar a la basura o regalar a otros países la alta formación de la gente joven de hoy en día. Lo triste es que no escribo nada nuevo, es algo que sabe todo el mundo, pero aún así se sigue sin buscar una solución real distinta a los parches que se han puesto hasta hoy.

Así que, si estudias... harás lo que te deje el mundo. Y con suerte le darás la mano a un astronauta.

Por Martín Amoza Dávila Premio nacional fin de carrera

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