Sí a la cura, no a la locura


Desde el descubrimiento de la estructura del ADN a mediados del siglo pasado, la Biología ha progresado de forma exponencial hasta tal punto que es difícil encontrar límites técnicos a la manipulación genética de los seres vivos. Probablemente los únicos límites que tendrá la biología del futuro serán aquellos establecidos por la ética y el Derecho. Esta pequeña introducción viene a colación de la noticia informando de que un investigador chino y su equipo han creado dos bebés modificados genéticamente, utilizando en embriones humanos la técnica CRISP-Cas9 de edición del genoma, para que esas personas sean resistentes a la infección por el virus del sida (VIH). Dicho de otro modo, se ha modificado un gen humano necesario para que ese virus infecte las células humanas.

Esta impactante noticia (eso no se puede negar) plantea serios problemas de índole científica y ética. Esta investigación no ha podido ser verificada por la comunidad científica porque no se ha publicado en una revista científica pero en caso de que fuese cierto (que podría serlo) no sabemos si esta manipulación genética podría tener efectos secundarios perversos como el desarrollo de cáncer o la muerte prematura; incluso podría fracasar en la protección contra el VIH. Como ha dicho el filósofo de la Universidad de Oxford, J. Savulescu: «Este experimento expone a niñas sanas a los riesgos de la manipulación genética sin que obtengan un beneficio real por ello». Se necesita investigar mucho más antes de atrevernos a manipular embriones humanos de forma segura.

Estamos ante un desafío ético descomunal. ¿Estamos legitimados a jugar a ser «dioses» creando nuevas criaturas o criaturas a la carta? ¿Dónde están los límites éticos de la tecnología genética que no del conocimiento? Lo que han hecho los chinos es, a mi juicio, muy irresponsable y sienta un precedente muy peligroso. En la investigación científica no todo es válido para conseguir dinero y/o la gloria científica y social. La mayoría de la comunidad científica quiere que la manipulación genética de embriones humanos tenga una finalidad exclusivamente terapéutica destinada a corregir enfermedades genéticas incurables muy graves. El objetivo de esta tecnología no debe ser crear seres humanos genéticamente modificados. Esto último sería un error y un horror. Es importante que la sociedad en su conjunto tome conciencia del inmenso poder de la manipulación genética y que se legisle para que sean prohibidas todas aquellas manipulaciones genéticas de seres humanos (sean embriones o personas formadas) que no estén dirigidas al tratamiento de enfermedades genéticas incurables graves o de enfermedades que pongan en riesgo la vida de las personas.

No queremos para nuestras hijas e hijos un mundo infeliz en el cual seamos fabricados en serie y donde ser alguien normal sea lo extraño; sería una locura. Busquemos la cura y tratamiento de enfermedades y simultáneamente dejemos que la Evolución haga su trabajo generando la maravillosa diversidad humana.

Por Jaime Gómez Márquez Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidade de Santiago

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