El hoy de la mujer española


Con la Constitución aprobada en referéndum la mujer española ha seguido avanzando en el camino hacia su reconocimiento como ser humano completo, ciudadano del Estado de hoy. Queda ahora por cubrir una etapa nueva: la de todas las leyes que desarrollarán los principios contenidos en el marco constitucional. ¿Sabrán los encargados de hacerlas darnos lo que necesitamos? Es algo preocupante el hecho de que se encuentren tan pocas mujeres en la clase política. Esperemos que los legisladores se hayan ido sensibilizando ante la realidad cotidiana. Y la realidad cotidiana consiste, como todos sabemos, en que la mujer, hoy, vive de muy diferente manera que su madre o que su abuela, y que por consiguiente necesita leyes que se hagan cargo de sus necesidades y sus aspiraciones.

Ahí es donde creo yo que podemos colocar en este momento nuestras esperanzas, en que la realidad -o, como decían nuestros antepasados algo pomposamente, «la verdad»-, por sí misma. Nuestros legisladores están rodeados de mujeres. Tienen esposas, hijas, secretarias, colaboradoras. Y ven, lo quieran o no, cómo todas ellas organizan sus vidas. Las hijas de los ministros van a la Universidad y suelen buscar con más ilusión un buen trabajo que un buen partido. La mayoría de las mujeres, sea cual sea su puesto de nacimiento, piensan en trabajar aunque se casen, porque la maquinaria de la sociedad deja cada vez menos sitio a las que solo se ocupan de su hogar y de sus hijos. Que muchas quizá prefirieran otra cosa es una cuestión distinta. El hecho está ahí.

Ya que tenemos por ahora tan pocas posibilidades de hacer las leyes, nos queda una tarea que debemos afrontar cada una en la medida de sus fuerzas: la de influir sobre los legisladores. Existen bastantes grupos organizados de mujeres que es de esperar que se pronuncien ante cada proyecto de ley para que no nos fabriquen una sociedad invivible desde el punto de vista femenino. Claro que algunos de esos grupos han tomado a veces posturas tan radicales que más bien sirven para crear alergias que para construir nada, pero esperemos que sean la excepción y que entre los grupos moderados, las colaboraciones femeninas en los medios de comunicación social, y esa otra influencia aún más presionante de la realidad, los padres de la patria, a falta de madres de la misma, nos promulguen ese cuerpo de disposiciones legales que dará contenido y desarrollo a la Constitución de una manera razonable.

Vías indirectas

No hay que descorazonarse por tener que utilizar estas vías indirectas. En los grandes estados la política es un oficio muy duro y a tiempo completo. Tal vez al desmigar el poder entre las comunidades autónomas salgan más vocaciones de políticas mujeres, ya que la política será más pequeña, más casera, y por lo tanto necesitará menos inversión en tiempo y esfuerzo. Es muchísimo más sencillo hacer compatible un cargo en la Administración o en un cuerpo consultivo si el cargo cae cerca que si resulta imprescindible irse a vivir a la capital. Una madre puede formar parte de un gobierno autónomo sin demasiadas complicaciones, mientras que ser ministro en Madrid o simplemente diputado significa implicar a toda la familia en la operación. No es lo mismo ir de Vic a Barcelona que coger el puente aéreo dos veces por semana. De Villalba a Santiago de Compostela se va y se vuelve en el día sin gastar demasiado dinero, y pongo Santiago un poco al buen tuntún porque no sé si mis paisanos han llegado a un acuerdo sobre la ciudad en la que van a recaer los honores de que reside en ella la Xunta.

Vamos a ver si poco a poco conseguimos ir tomando parte en la gestión de los problemas que afectan la comunidad, que eso y no otra cosa es la política. Como nos falta experiencia, necesitaremos un rodaje, pero a la vista de las tonterías que están haciendo algunos señores no creo que el rodaje tenga que asustarnos. ¿Cuántas mujeres se habrían atrevido sin sonrojarse a largarle un telegrama al presidente Cárter amenazándole con el deterioro de las relaciones entre el País Valenciano y los Estados Unidos? Las mujeres solemos poseer un sentido del ridículo bastante acusado, y una gran dosis de realismo. Porque bregamos con los niños y hacemos la compra todos los días.

Autor Elisa Lamas Periodista y una feminista pionera

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