Los nuevos conselleiros buscan consejo

Los tres fichajes del Gobierno gallego perfilan sus equipos y recurren sobre todo a profesionales que ya conocen la Xunta


santiago / la voz

Las crisis de gobierno suelen resolverse en los medios con las fotografías de las tomas de posesión de los nuevos conselleiros, y algunos despistes y desajustes iniciales por la alteración de competencias. Pero internamente suponen todo un cambio en las estructuras organizativas, unas veces de arriba a abajo, y otras con sutiles retoques en los puestos de mando.

En Galicia, a nivel autonómico, esos altos cargos de confianza -jefes de gabinete, responsables de prensa, secretarios técnicos...- han vivido normalmente en el plácido anonimato. Nada que ver con los sugerentes personajes que se diseñan en las ficciones políticas, que son determinantes para dinamizar las tramas en torno al líder y que, si hace falta, limpian con sus propias manos la sangre de un crimen. ¿Quién no querría a su lado un consejero fiel hasta la muerte como el enigmático Doug Stamper (House of cards)? Sin embargo, el último movimiento realizado por Núñez Feijoo -el 26 de septiembre- no ha incorporado a la nómina de la Xunta a maquiavélicos conspiradores, sino a un pequeño grupo de discretos profesionales que, en la mayoría de los casos, ya tenían experiencia en la Administración gallega.

Tres canteras

Para el nombramiento de los tres nuevos conselleiros, el presidente tiró de tres canteras: la promoción interna, en el caso de Fabiola García (Política Social); el Parlamento, donde estaba y sigue José González (Medio Rural); y la sociedad civil, la universidad, en la que trabajaba Carmen Pomar (Educación). Sus equipos son, de momento, un reflejo de su procedencia. La propia Fabiola García dejó vacante la dirección general que maneja casi un 70 % del presupuesto de su consellería, y la puso en manos de Ildefonso de la Campa, un veterano que ya lidió con Fraga, que pasó por el Gobierno de Rajoy y que, tras la moción, fue bien recibido en San Caetano como asesor del presidente. El jefe de gabinete, Víctor Díaz-Pache, está recién incorporado, y procede de la empresa privada, pero ya conoce la Xunta de tiempos pasados. Y para la comunicación fichó a Jorge Pan, una buena pluma que se ha curtido en los fogones informativos de Presidencia.

En el caso de la conselleira de Educación hay de todo. La estructura mantiene a varios cargos ya heredados incluso por Román Rodríguez, pero Carmen Pomar buscó para la jefatura del gabinete a María Luisa Ríos, una emprendedora vinculada al sector de los eventos y el protocolo. Su nombre seguía anoche en el directorio oficial, pero ya tiene sustituto: José Antonio Vázquez Martín, arquitecto ourensano y con estudio cerca de la capital. Para la comunicación ha recurrido a la periodista Celeste Suárez, con contrastada experiencia tras su paso por varias consellerías, incluso en la era Fraga.

El cuadro de Medio Rural es el que presenta más interrogantes. El conselleiro José González tendrá «en breve» a un asesor de prensa, pero todavía debe nombrar a un jefe de gabinete, la figura que encarna la coordinación política y suele ejercer de bisagra del departamento. Sí tiene cubierta la Secretaría Xeral Técnica, un cargo de confianza a modo de fontanería interna que en la Xunta suele ocupar un funcionario. Es María Jesús Lorenzana, que ya ejerció con Beatriz Mato en dos carteras distintas. Así que casi todo queda en casa.

El titular de Medio Rural todavía tiene dos puestos estratégicos sin designación

Alcoa, más apoyo que esperanzas

El anuncio del cierre de la factoría de Alcoa ha suscitado un consenso político inusitado en Galicia. El Gobierno gallego y todos los grupos están cumpliendo su compromiso de trasladar iniciativas y buscar soluciones, y se preocupan de que quede constancia pública. Esa implicación, lógica, contrasta con el pesimismo que deslizan cuando se apagan los micrófonos. Ojalá se equivoquen, como otras veces.

Màxim Huerta, en la Cámara gallega

El exministro socialista y escritor ha llegado al Parlamento de Galicia. O al menos su libro Partir de cero, que es uno de los obsequios que han llegado al cuartel de O Hórreo en los últimos meses. Fue un regalo de la Fundación Secretariado Gitano, y no hay segundas intenciones porque su entrada se registró en el mes de marzo, antes de su nombramiento. Quedará para consultar en la biblioteca de la Cámara.

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