¿A qué juega Ciudadanos?


Ciudadanos abandona momentáneamente las filas del filibusterismo parlamentario. Ayer decidió desbloquear la tramitación de quince proposiciones de ley, paralizadas por la Mesa del Congreso con una argucia reglamentaria: prorrogar sine die el plazo de presentación de enmiendas para impedir que la mayoría del Congreso se pronuncie sobre cada iniciativa. Estrategia de bloqueo de claro sesgo antidemocrático: le hurta al Parlamento la posibilidad de ejercer su soberanía. Por lo demás, el filibusterismo, entendido como obstruccionismo parlamentario, tiene una larga tradición histórica. De Catón el Joven, consumado maestro, se dice que utilizó la treta de hablar días y días enteros sin parar para impedir que el Senado aprobase las leyes de Julio César.  

Ciudadanos rompe provisionalmente el frente filibustero que formaba con el PP. Abre la primera puerta a la reforma de la ley de estabilidad, la supresión de la capacidad de veto que tiene el Senado -el PP- sobre el techo de gasto y la aprobación de unos Presupuestos más o menos expansivos. Pero el cambio de posición de Albert Rivera, uno más en su errática trayectoria, suscita un par de cuestiones: el porqué y el hasta dónde, el motivo del giro y su alcance.

Primero, el motivo. Ciudadanos necesita desmarcarse del PP, so pena de convertirse en mero apéndice o diluirse en la derecha reunificada que propugnan Pablo Casado y su mentor Aznar. Necesita mantener marca propia y diferenciación del producto para no ser fagocitado. En la época del Rajoy acosado por los escándalos y titubeante ante el conflicto catalán, contaba Ciudadanos con dos espléndidos filones de votos: la ciénaga de la corrupción y la mina independentista. El partido de las manos limpias y de la mano dura, al que los ciudadanos colocaban en el centro del espectro político. Pero vino la moción de censura y mudó el escenario. Llegó Casado y adelantó a Rivera por la derecha. ¿Quién más implacable que el nuevo líder del PP, capaz de llamar golpista al presidente del Gobierno, en el contencioso catalán? ¿Quién más patriota que aquel que considera la hispanidad la etapa más brillante de la humanidad o que escucha un «viva el rey» cada vez que se paga una pensión? ¿Quién más duro en la oposición que aquel que afirma, sin ruborizarse, que los Presupuestos de Sánchez tumbarán a España? Estupefacto, desbordado por la banda derecha, hace bien Rivera en abandonar el ménage à trois -con Vox incluido- que le proponen las nuevas sirenas del PP e intentar moverse hacia el centro, hacia el espacio que ocupaba Rajoy y abandona a grandes zancadas su sucesor.

Ciudadanos ha dado un paso adelante, pero tampoco quiere facilitarle a Sánchez la aprobación del Presupuesto. He ahí su límite. Y su contradicción: derriba el primer muro del filibusterismo, para que se debatan las enmiendas a la totalidad, y anuncia un segundo muro de bloqueo cuando lleguen las enmiendas parciales. Volverá entonces a hacer piña con el PP. Para ese viaje, francamente, no hacían falta alforjas ni alharacas.

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