Nobel de Economía para el Gobierno


Les propongo un levísimo repaso de algunas de las noticias comentadas ayer en las tertulias de radio y televisión: la subida del salario mínimo puede suponer la pérdida de 190.000 puestos de trabajo; las multinacionales tecnológicas dejarán de invertir en España si se les aplica la «tasa Google» prevista por el Gobierno; ese mismo Gobierno está dispuesto a crear nuevos impuestos a la banca y a las primas de seguros, subir las cotizaciones más altas a la Seguridad Social y eliminar las deducciones en el Impuesto de Sociedades para que cuadren las cuentas públicas ante Bruselas; varias empresas, además de las plantas de Alcoa en A Coruña y Avilés, están en riesgo de cierre por el precio de la energía... Por si faltase algo, el pensamiento conservador argumenta que la política económica de este país está siendo diseñada por Podemos y los secesionistas.

El cronista, naturalmente, había oído y leído todo eso. La Voz de Galicia, por ejemplo, publicó esas noticias y pronósticos y otros peores. La novedad fue verlos y escucharlos juntos, de golpe, lo cual producía la sensación de un tsunami. Pero los temores deben ser infundados, porque Pedro Sánchez no muestra el menor gesto de preocupación. Cada día aparece más sonriente en las fotos, aunque sea al lado de Susana Díaz. La señora ministra de Economía, Nadia Calviño, que sabe mucho, sostiene que el crecimiento español es robusto y seguirá siendo robusto. La ministra portavoz, Isabel Celaá, no puede ser más optimista cada vez que explica dónde estamos y a dónde nos llevan. Y la oposición chilla intensamente, pero más con palabras gruesas e insultos («castrismo», «puto amo») que con denuncias rigurosas y razonadas. ¿Dónde está la verdad? No lo tengo muy claro, pero hay algo que dice la lógica de pueblo, que no suele ser la equivocada: si las empresas tienen que subir el salario mínimo, pagar más altas las cotizaciones, hacer frente a nuevos impuestos y gastar más en energía, y todo al mismo tiempo, a quien se anime a invertir en este país habrá que nombrarlo héroe del año. Si además lo hace con la garantía de libre competencia que ofrece Podemos, habrá que dar su nombre a una calle en todas las ciudades y pueblos de España. Y si asume los riesgos empresariales en un país donde se puede romper la unidad de mercado, habrá que darle todas las condecoraciones y grandes cruces del Estado.

En cuanto al Gobierno que permite o hace posible ese pulso general a la iniciativa privada, no es que haya que hacerle un homenaje como le salga bien. Habrá que proponerlo para el Nobel de Economía. Pedro Sánchez cuenta con ello y quizá por eso sonríe tanto ante las cámaras. Quizá por eso tiene esa cara de tranquila felicidad.

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