A Alcoa la regalaron y ahora quieren cerrarla


Nuevamente nos enfrentamos a un pésimo anuncio por parte de Alcoa. Sus intenciones no son otras que el cierre de dos de sus plantas en España, que son las de A Coruña y Avilés, con más de 700 trabajadores propios y 500 de empresas contratistas. 

La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) le regaló la compañía a la multinacional americana Alcoa en 1998, por un importe que los trabajadores jamás hemos llegado a saber. Todo un misterio. Desde entonces, hace ya muchos años, los empleados en España nos preguntamos, con temor, cada final de año, qué nos anunciará la dirección de la multinacional. Vivimos cada uno de esos períodos con incertidumbre porque siempre sabemos que no nos anunciarán una nueva paga extraordinaria de beneficios. En esta ocasión, en octubre del 2018, ya muy próximos a Navidades, las noticias han sido muy duras. También fueron duros los argumentos que la compañía dio a través de una llamada de teléfono al comité europeo y posteriormente a los comités de empresa de los tres centros. Las explicaciones de la dirección las hemos rechazado desde el primer momento porque no se corresponden con la realidad.

Una de las apreciaciones que esgrimieron es que la energía, la alúmina y las materias primas que se utilizan para elaborar el aluminio habían incrementado considerablemente sus costes. Pero ¿qué podemos hacer tanto los trabajadores como sus representantes legales para reducirlos? Todos pensamos lo mismo: «nada». En el coste de la energía se constata el fracaso de la política, lo que ha provocado que la industria pesada de nuestro país vaya desapareciendo poco a poco. Sirva como ejemplo lo ocurrido en nuestra propia empresa: cuando los directivos de la SEPI se la envolvieron en papel de regalo a los norteamericanos había nueve fábricas; actualmente quedan solamente tres.

En todos los foros donde hemos podido transmitir nuestras ideas como representantes de los trabajadores hemos reclamado el diseño de una política energética común dentro de la Unión Europea. ¿El objetivo? Poder competir en igualdad de oportunidades con otros países y de esta manera poder exigir la realización de inversiones tan necesarias en las fábricas.

Alcoa, por cierto, lleva años sin realizar ninguna inversión importante, lo que ha ocasionado un deterioro brutal de las instalaciones. Pese a ello, los trabajadores han luchado para seguir manteniendo la productividad cada día dentro de sus jornadas laborales. Esta explicación es importante porque de ella se deduce que no se le puede achacar a la plantilla la ineficiencia de las plantas. La explicación de un potencial bajo rendimiento hay que achacárselo a la falta de recursos y de tecnología. Alcoa, por lo tanto, es la única responsable de que esto ocurra.

Ante tal situación todos deberíamos de reflexionar sobre lo que supone el anuncio del cierre de las plantas de A Coruña y Avilés. Los directivos de la multinacional, por ejemplo, deberían ser capaces de diseñar otras medidas que no sean las extintivas; los gobernantes deberían hacer algo y de manera urgente para modificar la política energética y salvar la industria de España -un país sin industria no tiene futuro-, y desde los sindicatos trabajaremos con todas nuestras fuerzas para que las fábricas de Alcoa sigan produciendo con viabilidad durante muchos años.

Por José Luís Combarro Infantes Presidente del comité europeo de Alcoa

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