Los Presupuestos de Pablo Iglesias


El término grogui se utiliza en boxeo para indicar la situación de un púgil aturdido por los golpes en el curso de un combate, pero designa también, en general, según la RAE, a quien está «atontado por cualquier causa». El boxeador grogui da tumbos por el cuadrilátero, lanza golpes al aire y aguanta como puede con la esperanza de acabar el asalto y reponerse.

Tal es la situación del Gobierno desde su designación. Mareado por una agenda que muda cada semana, hundido en un mar de contradicciones entre sus miembros, aturdido por la necesidad de pagar a aliados que quieren destruir la unidad del país, solamente la desquiciada ambición del presidente por seguir permite entender que Sánchez no dé una vez con sus huesos en la lona. Y es que la consigna es aguantar a cualquier precio, aunque sea al de entregarse en manos de Podemos, los populistas con quienes Sánchez prometió que nunca pactaría.

El acuerdo presupuestario que firmó ayer el presidente con el líder de Podemos prueba que el primero es ya solo una marioneta en manos de sus aliados y que Iglesias se ha convertido, de hecho, en el presidente bis de España. Aunque nada de lo pactado garantice la aprobación de los Presupuestos, que necesitan del PNV y los partidos golpistas catalanes -uno de los cuales ha reiterado su rechazo radical a varias de las medidas del pacto- si el trágala al que Iglesias ha sometido a Sánchez acabara en el BOE es más que probable que entre todos consigan frenar el avance de nuestra economía. También Zapatero pensó que con su infausto Plan E nos sacaría de la crisis y el resultado fue un fiasco tan descomunal como la frivolidad de quien a tontas y a locas lo impulsó.

Hay muchas posibilidades, en todo caso, de que el rimbombante pacto presupuestario, que deja quedar muy bien a Podemos ante sus electores y muy mal al PSOE ante gran parte de los suyos, no constituya, a fin de cuentas, más que una mera simulación, un nuevo trampantojo destinado a hacer demagogia populista.

Conociendo la total falta de escrúpulos de Sánchez y de Iglesias a la hora de intentar engañar a sus compatriotas si tal cosa les conviene, bien pudiera ser que, conscientes ambos de la dificultad de lograr el apoyo final a la Ley de Presupuestos de los partidos golpistas catalanes (que exigen para ello un referendo de autodeterminación), los dos presidentes de España hayan optado por acordar lo que prevén que no se aprobará, creyendo que su simulación no tendrá más efectos que las ventajas que ellos obtendrán a corto plazo: Sánchez seguir en la poltrona, Iglesias mostrar que es el que manda.

Pero se equivocan. El pacto presupuestario PSOE-Podemos generará desde ya una desconfianza en nuestros gobernantes que podría ser letal para el futuro del crecimiento y el empleo y que podría, en consecuencia, hundir en gran parte la recuperación que tanto esfuerzo ha costado a la inmensa mayoría del país.

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