El populismo llega a la gran cuenta


Para Pablo Iglesias ha sido un día sensacional: ¡firmó un acuerdo en La Moncloa! ¡Y ese acuerdo es nada menos que los Presupuestos Generales del Estado! Es decir, las grandes líneas y cifras de la política económica de la cuarta potencia europea. Y encima, le corresponde la paternidad de una parte sustancial de su orientación y contenido. Hace medio año ni el señor Iglesias ni nadie podía presagiar esa foto ni sospechar que el líder de la izquierda populista tendría tanto poder. La foto de ayer y el contenido del pacto confirman lo que hace unas semanas parecía solo una ambición: Pablo Iglesias es, efectivamente, el cogobernante de este país. Ante la foto se podría decir que es el copresidente, aunque no disponga de despacho ni de coche oficial.

Gracias a su aportación y a las concesiones que le hizo Pedro Sánchez por pura necesidad, se puede afirmar que, si estos Presupuestos se aprobasen, serían los más izquierdistas de los 40 años de democracia. Por tanto, también son los más sociales y tengo dudas de si llamarles populistas. Esas dudas se basan en algunas partidas y en los conceptos generales. Las partidas son, por ejemplo, la de ciencia, cuya dotación sube un 6,7 %, mientras que la dotación para dependencia sube un 40 %. Los conceptos generales se resumen en la filosofía de hacer pagar más a los ricos y a las grandes empresas, mientras que se programa una gran generosidad en atenciones sociales y se predica la idea de que los esfuerzos no sigan cayendo en los trabajadores y las clases medias. La voluntad de hacer justicia es indiscutible. La dificultad está en lograr que cuadren las cuentas.

Si estos Presupuestos los hubiese hecho Cristóbal Montoro, estaríamos diciendo que son claramente electorales. Incluso descaradamente electorales. Como los hace María Jesús Montero, son sencillamente socialistas. Y como los bendice Pablo Iglesias, se podría decir que tienen algo de comunistas. Y como estos autores compiten por el mismo electorado, la pregunta es quién obtendrá mayor beneficio del pacto. Porque aquí nadie da puntada sin hilo ni hace nada gratis. Quiero suponer que será Pedro Sánchez, que al fin y al cabo será quien firme las grandes cuentas. Pero Pablo Iglesias también obtiene su rentabilidad: esa foto de la firma lo empieza a rodear con una aureola de poder.

Naturalmente, todo esto es hablar por hablar, porque todo lo firmado y pregonado puede quedarse en nada, si Torra sigue manteniendo que el crédito de Sánchez se ha agotado, si Bruselas no acaba de ver suficientes ingresos para tanto gasto y si continúa vigente la posibilidad de veto del Senado. Estas tres condiciones son más poderosas que Sánchez, Iglesias y toda su vocación social.

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