Pon un tanatorio en tu vida


Hace una década que Chandrexa de Queixa (Ourense) no tiene colegio. Cerró al final del curso 2007-2008. Según la prensa, en aquel momento se atribuyó el cierre a un enfrentamiento entre el docente responsable del centro y las familias de los ocho estudiantes que quedaban y se aseguró que abriría en tres años. Lo cierto es que el CEIP de Chandrexa nunca reabrió y se convirtió en el último centro escolar del municipio. Antes ya había cerrado la escuela unitaria de Rabal, que acaba de reabrir con un uso muy diferente: un tanatorio subvencionado por la Xunta con cuarenta mil euros.

Chandrexa de Queixa no es diferente a otros muchos municipios de la montaña gallega. Está situado en la comarca de Trives, su densidad de población es similar a la de Laponia y la pirámide de población se parece a una piruleta. Comparte con otros lugares de la montaña hermosos paisajes, de manera especial en el entorno de su embalse, y comparte también la apertura de nuevos tanatorios, como en el caso de Seoane do Courel, aunque creo que en este caso es privado.

Veamos. Yo no tengo nada contra los tanatorios salvo cuando algún amigo o familiar es el protagonista de la reunión. Creo que es un servicio necesario donde las familias pueden velar a los suyos, también en el medio rural. Sin embargo, me han sorprendido las declaraciones de un representante del Gobierno gallego en las que afirmaba (cito textualmente): «El tanatorio municipal va a ser un servicio fundamental y básico en los pequeños núcleos rurales de Galicia».

Quiero insistir en que me parece justo que nuestros pueblos tengan su tanatorio, faltaría más, pero o yo estoy muy equivocado o lo ocurrido es una forma de reconocer que, en cuestiones como el despoblamiento rural o en iniciativas en ese ámbito, hemos tirado la toalla. Cuando cerramos escuelas, suprimimos médicos y abrimos solo tanatorios la senda del futuro está marcada.

También tiene cierta guasa, si me permiten la expresión hablando de este tema, que algunas empresas privadas, legítimamente claro, hayan detectado un nicho de negocio en velar a los difuntos, y nunca mejor usada la palabra nicho. Ni empresas tecnológicas, ni apuestas vinculadas a la conservación: apostemos por los difuntos. Una paisana me lo resumía el otro día en un pueblo de la montaña: «Xa ves, aquí o único negocio é se morres». No quisiera que este artículo pareciera una nota necrológica; nada más allá de mi intención. Por ello trataré de alegrarles la lectura con una anécdota ocurrida en un tanatorio que siempre me ha hecho mucha gracia. En un velatorio en un pueblo, dos hombres conversan: «¿Sabes cómo se produjo la muerte?». A lo que el amigo responde: «Pues de una pelea». «¿Y cómo sabes que fue de una pelea?», insiste el amigo. «Pues porque en la puerta pone sepelió».

Ya sé que es malo, pero quería alegrar el día a los lectores. Ahora, descansen en paz.

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