Galicia y las tres «t»


Si los procesos de liberalización, desreglamentación y de privatización contribuyen a atribuir unas mayores ventajas a la libertad del capital; entonces, las nuevas estrategias empresariales no pueden ser a-territoriales. Si se quiere acrecentar la competitividad global, las empresas deben alimentarse de especificidades territoriales. El imperativo de la competencia les obliga a ser más selectivas, tanto en lo que concierne a su localización como a los productos o servicios que ofertan. Ello explica el porqué los grupos industriales ya tienen menos filiales y como buscan aliarse con socios locales con los que atraer y fidelizar las empresas en el país de destino. En consecuencia, conviene definir las políticas de atractividad territorial.

Antes basábamos las ventajas competitivas en factores tradicionales, tales como las ventajas en lo que atañe a la dotación de factores de producción; exoneraciones fiscales; infraestructuras; préstamos con tasas bonificadas; subvenciones; zonas francas, o áreas industriales. Pero, ninguna de ellas tienen nada de específicas. Esto es, todas las áreas geográficas pueden proponer las mismas ventajas y acciones. Ahora, se trata de exponer y mostrar una nueva centralidad, apoyada por políticas de cohesión, de integración en procesos y de cooperación con agentes, que permitan desarrollar una elevada capacidad de adaptación para hacer frente a las nuevas trayectorias.

Estamos a las puertas de una re-actualización de nuevas nociones del crecimiento endógeno. Reclamamos un ambiente propicio compuesto por estructuras organizativas públicas y privadas que dinamicen las dotaciones de capital público (infraestructuras y sistemas logísticos, redes de telecomunicaciones, actividades de investigación); o lo que afirmaba el profesor canadiense Richard Florida, un espacio con tres «t»: talento, tecnología y tolerancia. En suma, se necesita una coordinación institucional que ponga en vigor reglas de funcionamiento para reducir los costes de transacción, información y decisión; para poder contribuir a potenciar un nuevo modelo de desarrollo económico-social y sostenible.

Galicia esta huérfana de estas formulaciones «desde dentro». Solo ciertas iniciativas locales y algunas esporádicas acciones autonómicas han sustituido las tradicionales políticas sedentarias por las nuevas políticas activas. Galicia ha jugado al zigzag en materia de seducción. La evidencia empírica nos dice que fueron muchos los fracasos y políticas inadecuadas; y a día de hoy no captamos ni inversión de capital, ni se localizan apuestas tecnológicas notables, ni las cifras de turismo son las mejores de España. Da la impresión que Galicia rehúsa el progreso, y quiere convertirse en una anomalía y en una imperfección dentro del panorama global. Como si se quisiera apostar por una desconexión territorial y por mayores niveles de marginación. Paz-Andrade redactaba en su libro Galicia como tarea la necesidad de un compromiso común.

Hoy, hay que evitar que nuestro desarrollo dependa, únicamente, de las ventajas comparativas naturales y de las discriminaciones en el mercado de trabajo y en los salarios. Conviene seducir también en otras actuaciones. Es la nueva tarea y el nuevo proyecto a que nos obliga el presente y el futuro.

Por Fernando González Laxe Expresidente de la Xunta de Galicia

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
6 votos
Tags
Comentarios

Galicia y las tres «t»