(Des)Esperanzas ante el siglo XXI


La sociedad se enfrenta ante el dilema de una apuesta entre las actuaciones instantáneas y el análisis de escenarios de futuro. Trump es el ejemplo de las primeras; Europa, el de las segundas. Las implicaciones que ello supone son conocidas. De una parte, el nacimiento de un nacionalismo en solitario; la emergencia de conflictos permanentes; y la exacerbación del individualismo. De otra parte, la auscultación permanente de dinámicas de cambio y de transformación para poder asentar tendencias sólidas y sostenidas.

Se han publicado dos estudios sobre el futuro. El primero, de la autoría de la americana Amy Webb, sobre las posibles acciones y escenarios derivados de un cambio en las tendencias tecnológicas. Se centra en el estudio de 225 tendencias de alcance medio e internacional relevantes. Comenta que una tendencia es como manifestación de cambio sostenido dentro de un sector de la industria, sociedad o el comportamiento humano, que tiene en cuenta las necesidades y los deseos humanos básicos, y que contribuyen a alinear la naturaleza humana con las innovaciones y las tecnologías. Subraya varias ideas de cara al siglo XXI. Estaremos en la era de los dispositivos conectados, que manejaremos con voces, gestos o tacto; las tecnologías incluirán los sistemas de aprendizaje profundo y automático; estará en marcha unos ecosistemas de inteligencia artificial, dotados de muchas aplicaciones comerciales; en vez de apostar por una sola tendencia; las organizaciones deberán buscar las conexiones entre las tendencias existente; habrá tensión entre privacidad y seguridad; la descentralización será clave y existirán proveedores de servicios mediante el uso de redes privadas y peer-to-peer; y continuarán fusionándose tanto las start?up como los medios informativos. Predominarán tendencias que llevan implícita la simplificación de una realidad compleja. En consecuencia, los grados de adopción variarán atendiendo a la capacidad que posea una región o un país para integrarse en las apuestas globales. Llama la atención, en el estudio de Webb, que existan tendencias que no son tecnológicas; sino de otro tipo, como las de renta básica universal, leyes de privacidad, de neutralidad de red, o de doxing organizacional.

El segundo informe es del israelí Yuval N. Harari, con su libro 21 Lecciones para el siglo XXI. Aunque hay un exceso de especulación, puede que algunos de los escenarios que se dibujan tengan lugar dentro de uno o dos siglos. Explora campos como la desilusión; la guerra; la inmigración; la post-verdad; la ciencia-ficción; la meditación; el nacionalismo; el populismo o la religión. Nos aporta dos consejos: «pague un precio considerable por una información fiable y lea aquellas investigaciones científicas relevantes». No cabe duda que Galicia necesita sustituir los planteamientos dogmáticos por patrones de comportamiento abiertos. Tenemos que saber explorar pautas que nos permitan incrementar la capacidad de absorber los conocimientos puestos a nuestra disposición con el objetivo de ser más hábiles a la hora de predecir nuestras vidas y adoptar las decisiones más eficientes y sostenibles.

Por Fernando González Laxe Expresidente de la Xunta de Galicia

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