Acabar con la endogamia


Son muchos y muy importantes los cambios que necesita la Universidad española para llegar a ser una institución académica focalizada en la innovación y el progreso social, económico y cultural. No olvidemos que las tasas de desempleo juvenil en nuestro caso son de las más altas del mundo y que, sin embargo, parece que estas instituciones no tienen responsabilidad ni nada tienen que decir. Disponemos de universidades endogámicas y burocratizadas, desprovistas de una verdadera autonomía frente a la Administración pública de la que dependen exageradamente para su financiación. Su gestión está controlada por los partidos políticos gobernantes, así como la oferta de titulaciones.

Es muy difícil promover cambios en su estructura y las inercias del pasado y pesada burocracia determinan el desarrollo de sus actividades. El futuro de la Universidad española pasa por llegar a separar la administración de la academia. Los docentes debemos ocuparnos de la investigación y enseñanza, mientras que la gestión debe ser profesional. Los profesores de mayor rango y las autoridades académicas no pueden controlar y administrar en beneficio propio o corporativo la oferta de títulos académicos, presupuestos, plazas de párking en campus y facultades, tribunales de tesis, plazas de profesorado, contratos de investigación, relaciones institucionales, etcétera, no pueden ejercer de políticos o empresarios universitarios en beneficio propio, de discípulos, personas afines, votantes y seguidores.

Los cambios tendrán que venir de arriba hacia abajo, desde fuera de la institución. Desde dentro de las universidades resulta imposible ante el dominio y control estamental ejercido por décadas o incluso siglos. En Portugal una nueva ley ha convertido al rector en un profesional de alta dirección; su contrato es ofertado a nivel internacional y los candidatos pueden ser de cualquier nacionalidad, deben presentar y defender un proyecto de futuro a plazo fijo, con objetivos claros, ante un consejo científico y social donde están representados los profesores al lado de empresarios y representantes sociales y culturales y al cual corresponde su selección y también su posterior control y evaluación para la posible renovación en el cargo.

En España, y especialmente en Galicia, tenemos un déficit que no tienen por ejemplo en Irlanda donde las universidades están estrechamente vinculadas y relacionadas con la sociedad y el tejido empresarial, lo que se traduce en su mercado laboral actual que roza el pleno empleo; para ellos es una prioridad captar profesores e investigadores a nivel internacional. Allí los procesos de selección son abiertos al mundo.

Es clave tomar conciencia de que necesitamos una ley que acabe con la endogamia, profesionalice la administración y abra facultades y departamentos a la sociedad. Necesitamos una universidad comprometida con el bien público, con la justicia social y con el progreso económico y cultural. Necesitamos universidades con estructuras ágiles capaces de formar jóvenes con perfiles profesionales atractivos para el mercado laboral, orientadas al futuro y al cambio tecnológico. Necesitamos una universidad orgánicamente menos politizada y mucho más profesional y comprometida con el rigor científico y los valores de justicia social y progreso.

Autor Carlos Ferrás Sexto Profesor de Geografía Humana en la USC y profesor visitante en la University College Cork

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