Tesla pierde el sueño eléctrico


No soy el lobo de Wall Street, pero a día de hoy no recomendaría comprar acciones de Tesla. La compañía de Elon Musk se disparó en bolsa en el 2012 con el lanzamiento del Model S, berlina eléctrica de lujo que prometía una autonomía de más de 400 kilómetros cuando los fabricantes tradicionales habían puesto en el mercado algunos utilitarios (como el Nissan Leaf) que no eran capaces de recorrer ni la tercera parte de esa distancia.

Tesla hizo bien dos cosas: impulsó la extensión de una amplia red de supercargadores en EE. UU. y en países como Noruega, que apostaron por la movilidad eléctrica de forma temprana (y, también hay que decirlo, que tienen una red de carreteras limitada y concentrada que facilita la implantación de electrolineras); y manejó los recursos del márketing como solo saben hacerlo los emprendedores del Silicon Valley, hasta el punto de enviar un coche al espacio con un muñeco astronauta al volante solo para hacerse la foto.

Sin embargo, llegado el momento de llevar el sueño eléctrico a millones de personas, la firma ha fracasado. Son contados los Model S fuera de las principales ciudades de EE. UU. y algunas de Europa, China y Emiratos Árabes, y en la mayoría de los casos están vinculados al negocio de Uber (la opción de desplazarse en taxi en un coche movido 100 % por baterías fue un reclamo utilizado por la polémica start-up de transporte). El Model 3, llamado a ser el Ford T de Tesla, que democratizaría el uso y la propiedad de un automóvil eléctrico, tuvo que suspender su producción en dos ocasiones porque el volumen de fabricación no garantizaba atender la demanda. Iba a costar 35.000 dólares pero se vende por 49.000, y el seguro anual cuesta casi otros 3.000.

¿Y qué ha hecho mientras la competencia? No se ha quedado con los brazos cruzados. Ayer Mercedes presentaba el EQC, el primero de una familia de vehículos libres de emisiones y con una autonomía de más de 450 km según el ciclo normalizado europeo WLTP (mucho más realista que el NEDC que regía hasta ahora). Una cifra similar (470) alcanza el Hyundai Kona EV, que demuestra que la movilidad eléctrica no es solo coto del segmento de gama alta. Los constructores de automóviles tienen la capacidad, el know-how y los medios para liderar la nueva era de la electrificación. Solo necesitan poner una batería de iones de litio cada vez más grande.

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