Tesla pierde el sueño eléctrico

Javier Armesto Andrés
Javier Armesto CRÓNICAS DEL GRAFENO

OPINIÓN

Joe Skipper | Reuters

06 sep 2018 . Actualizado a las 16:50 h.

No soy el lobo de Wall Street, pero a día de hoy no recomendaría comprar acciones de Tesla. La compañía de Elon Musk se disparó en bolsa en el 2012 con el lanzamiento del Model S, berlina eléctrica de lujo que prometía una autonomía de más de 400 kilómetros cuando los fabricantes tradicionales habían puesto en el mercado algunos utilitarios (como el Nissan Leaf) que no eran capaces de recorrer ni la tercera parte de esa distancia.

Tesla hizo bien dos cosas: impulsó la extensión de una amplia red de supercargadores en EE. UU. y en países como Noruega, que apostaron por la movilidad eléctrica de forma temprana (y, también hay que decirlo, que tienen una red de carreteras limitada y concentrada que facilita la implantación de electrolineras); y manejó los recursos del márketing como solo saben hacerlo los emprendedores del Silicon Valley, hasta el punto de enviar un coche al espacio con un muñeco astronauta al volante solo para hacerse la foto.

Sin embargo, llegado el momento de llevar el sueño eléctrico a millones de personas, la firma ha fracasado. Son contados los Model S fuera de las principales ciudades de EE. UU. y algunas de Europa, China y Emiratos Árabes, y en la mayoría de los casos están vinculados al negocio de Uber (la opción de desplazarse en taxi en un coche movido 100 % por baterías fue un reclamo utilizado por la polémica start-up de transporte). El Model 3, llamado a ser el Ford T de Tesla, que democratizaría el uso y la propiedad de un automóvil eléctrico, tuvo que suspender su producción en dos ocasiones porque el volumen de fabricación no garantizaba atender la demanda. Iba a costar 35.000 dólares pero se vende por 49.000, y el seguro anual cuesta casi otros 3.000.