Un cambio de vida, no solo de huso horario


En el asunto sobre la conveniencia o no del cambio del hora (parece que ganan los que quieren que no cambie el reloj, y, de paso, que asumamos el huso horario que nos corresponde, el británico y no el alemán) hay algo más que aquello de más o menos horas de luz. Hay una vertiente que va desde el gasto médico (los que necesitan algún tipo de fármaco para lograr dormir cuando se cambia el horario en otoño y primavera) hasta el gasto energético. Es un melón interesantísimo que abrir, pero que debería llevarnos más allá de una hora arriba, una hora abajo. Debería provocar un debate amplio alrededor del ritmo al que se mueve esta parte del sur de Europa, tan desacompasados del norte, con jornadas de trabajo largas e ineficaces, con horarios comerciales difícilmente entendibles en ciudades medianas, con calendarios escolares (¡dos meses y medio de vacaciones de verano!) delirantes, y con aperturas de atención al público incompatibles con un empleo convencional. Quedarse solo con el cambio de hora es una pérdida de tiempo.

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