Galicia no es Valencia

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Efectivamente. Valencia no es Galicia. Ni A Coruña, ni Vigo. Un velero no es un petrolero; el coche de Luis Hamilton no se parece en nada a un mercante. Y aún más, un consorcio para organizar la Copa América no tiene nada que ver con una Autoridad Portuaria, como tampoco Ximo Puig es Núñez Feijoo. Hasta ahí lo entendemos con claridad, incluso los más romos; lo que nos resulta incomprensible es aceptar eso que pusieron en la Constitución de la igualdad de todos los españoles ante la gestión y los poderes públicos. Eso ya es mucho más difícil de asumir.

La condonación de 350 millones de euros que el Consorcio Valencia 2007 dedicó, en los añorados tiempos de gloria, riqueza y despilfarro, a la organización de un gran premio de Fórmula 1 y de la Copa América de vela, así como la construcción de diversas instalaciones para deportes náuticos y una gran marina en el entorno del puerto valenciano y no hacerlo con puertos gallegos dedicados a las tareas habituales de las instalaciones portuarias, por ejemplo, sirve para que entendamos de una vez que una cosa es el Mediterráneo y otra Fisterra. Y que sea el Gobierno que sea, y digan lo que digan, Valencia siempre va a gozar de unos privilegios de los que carecen otros territorios. El Gobierno de Sánchez ha dado un paso demasiado arriesgado. Tan arriesgado como injusto e injustificado. Por eso pone toda su maquinaria en marcha para tratar de explicarnos lo inexplicable. Uno tras otro van saliendo a desenredar una madeja que solo el Ejecutivo enmarañó con argumentos que caen por su propio peso cuando no pecan de un infantilismo impropio de quien tiene responsabilidades políticas. Porque es imposible de justificar que los paseos de Camps y Alonso en un Ferrari descapotable, que fueron la risión del mundo, reciban mejor trato que unas instalaciones portuarias que desarrollan un país. Lo que tiene que hacer el Gobierno de Sánchez y todos los recaderos que acuden en su ayuda, es decirnos la verdad. Y hablar claro: a Valencia le condonamos los 350 millones que se gastaron en juergas porque vamos a recibir unas contraprestaciones que Galicia no nos da. Pero, sobre todo, damos este paso porque las recompensas electorales de los valencianos son muy superiores a las de los gallegos, como ya habrán podido comprobar. Es así de sencillo. Que no se escondan detrás de excusas intragables. Porque podemos disculpar que se perdone una deuda millonaria de parrandas. Lo que ya resulta abusivo es que, además, traten de convencernos que a ellos sí y a nosotros no porque son situaciones diferentes. Y que Valencia no es Galicia.

Lo que tiene que hacer el Gobierno de Pedro Sánchez y todos los recaderos que acuden en su ayuda es decirnos la verdad. Y hablar claro

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