El botón para elegir bando


Medio en broma, pero en el fondo muy en serio, alguien propuso esta semana a Twitter incorporar un botón para «elegir bando» en cualquiera de las numerosas polémicas que, día a día, acaparan la atención pública en la red social del pájaro azul.

Ese botón habría que inventarlo. Simplificaría mucho las cosas y permitiría a mucha gente sentirse cómoda en un mundo irreal pintado en blanco y negro, dividido entre buenos y malos, el yin y el yang, y en el que los debates los gane el que más ruido haga. O el que más bots rusos contrate. En ese esquema binario (o conmigo o contra mí) uno puede respaldar a gusto tropelías como el falseamiento de la frase del juez Llarena que motivó la falaz demanda del populista Carles Puigdemont y sus compinches contra el magistrado del Supremo.

Cuando lo único que importa es la causa, sea justa o no, y no los medios, es fácil cruzar líneas rojas, caer presa de la indignación y olvidarse de que en un debate público y democrático no todo vale.

Fue un gallego del exterior el que cazó la trapallada, la «marrullería». Y fue en las redes -tantas veces demonizadas- donde la destapó, para oprobio de sus autores. Él vivió en Cataluña. Quería que por una vez los que siempre hacen trampa no se salgan con la suya. Y lo consiguió.

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