Franco, lo único importante

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La paleolítica AP de Manuel de Fraga hizo su campaña electoral de 1977 con un lema que remedo en la frase que da título a este artículo: «España, lo único importante».

La acción del Gobierno, cuando están a punto de cumplirse cien días de su toma de posesión, responde a una auténtica obsesión: situar, al precio que sea, en el centro de su agenda, asuntos que le permitan dar oxígeno a la componenda, oportunista y meramente negativa, que llevó a Sánchez por un atajo a la Moncloa. Y ello por una razón muy fácil de entender: porque solo así podrá el líder socialista aguantar en el poder dos largos años con el apoyo de ¡84 diputados!, extravagante pretensión que desmiente lo anunciado en la censura.

La extrema izquierda que llevó a Sánchez al Gobierno no apoyará una política económica que se ajuste a las exigencias de la UE. Tanto, que Podemos reclamaba hace unos días, nada más ni nada menos, la derogación de la Ley de Estabilidad Presupuestaria. Podría quedarse así en agua de borrajas el gran proyecto del Gobierno: aumentar selectivamente el gasto público, para ganar así apoyo electoral, y acabar con la contención presupuestaria que, practicada por todos los gobiernos europeos, incluido el del izquierdista Alexis Tsipras, sirvió para sacarnos de la crisis.

No menos ilusorias son las posibilidades del Gobierno de contar con los partidos golpistas (PDECat y ERC), cuyo apoyo fue indispensable para sacar adelante la censura. Según lo explicaba aquí magistralmente Gonzalo Bareño hace dos días, la política de apaciguamiento que, con tanta fe, como falta de razones, creía Sánchez que iba a abrir una vía de solución pactada al desafío secesionista catalán, es ya un fiasco formidable que, tras no haber conseguido ni uno solo de sus objetivos, ha empeorado sustancialmente la situación en Cataluña. El entreguismo del Gobierno debilita la posición de nuestro Estado democrático, mientras los independentistas refuerzan la suya para relanzar en otoño una nueva ofensiva al grito de que hay que «atacar al Estado español».

Con dudosos socios para aprobar los Presupuestos del 2019 y una radical oposición de la Generalitat a cualquier acuerdo que no signifique aceptar la enloquecida pretensión de los rebeldes: la república catalana independiente. Así está Sánchez tres meses después de haber hecho realidad su sueño, que podría acabar convirtiéndose en una pesadilla: sin un solo logro en su cartera, salvo el éxito que ha supuesto hacerse con el control de RTVE, que le ha permitido convertir su prometida regeneración democrática en una purga política que descubre sus verdaderas intenciones.

Pero, qué importa todo lo anterior, si al fin el Gobierno podrá responder al anhelo más sentido por los españoles, el que sin duda más contribuirá a mejorar su vida presente y su futuro: sacar a Franco del Valle de los Caídos. Eso es gobernar, sí señor, y lo demás son tonterías.

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