Periodismo internacional


Cuando inicié los estudios de bachiller, al acabar lo que se llamaba la preparatoria, ya me sabía todas las capitales del mundo. Mis conocimientos llegan hasta hoy. Yo ponía la memoria, pero los mapas y la enseñanza correspondían al padre Contreras en el Colegio de los Padres Paúles de Marín. Por aquel entonces, la capital de Pakistán era Rawalpindi; la de Filipinas, Quezon City; y la del Congo, Leopolville (en honor del rey belga del que todos sus súbditos se deberían avergonzar por haber provocado uno de los mayores holocaustos de África). La geografía, en aquellos años, era una asignatura fundamental. Se valoraba y se tenía en cuenta en la curricula.

En mi trayectoria profesional como profesor de Internacional en la universidad, echo en falta una cierta preparación de los alumnos sobre esta materia. Cuando les explico cualquier región del mundo, el primer día lo dedico a ponerles un mapa de ubicación y de los parámetros socioeconómicos (PIB, renta per cápita y población). El panorama es desolador. Les cuesta entenderlo todo. No digamos si les combinas la geografía con la historia. Ahí ya se pierden. Ni conocen personajes, ni fechas ni enfrentamientos fundamentales. Aunque no todos. Todo se complica si les explicas los parámetros religiosos. Les cuesta entender la influencia de la filosofía griega, el derecho romano y los valores judeocristianos en occidente, la cultura del Islam, el confucionismo en China o el budismo en la India.

Comprendo que a los alumnos no les interese lo que pasa en el mundo y por qué pasa. Están a su bola y lo que quieren es aprobar. A algunos les interesa el deporte, a otros la moda y a otros la política. Pocos se interesan por la cultura, muy pocos por el periodismo científico y tampoco por el internacional, salvo cuando te dicen que quieren ser corresponsales de guerra. ¡Ja! En general, prefieren la comunicación audiovisual y las redes sociales. Están expuestos a las fake news (noticias falsas) como la mayoría de la población.

Es cierto que el periodismo, sobre todo el relacionado con temas internacionales, ha sido infiltrado por agencias de inteligencia. No excluyo a ninguna, tampoco al CNI. Pero recuerdo aquella frase de Errol Flyn, en Operación Birmania, con un periodista vocacional muerto en combate: «¡Well, no te olvidaremos nunca, a partir de ahora, cada vez que caiga un periódico en mis manos, sabré lo que compro por unos céntimos, ¡hasta siempre!».

¿Acaso sabríamos lo que pasa en cualquier parte del mundo si no fuera por las noticias que nos reportan las agencias, sobre todo, y otros medios de comunicación? La respuesta es no. En geografía o en política internacional no sabríamos nada de cualquier país si no nos los sirven los medios de comunicación. EE. UU. perdió la guerra de Vietnam en su casa por las imágenes de televisión.

Miren ustedes, lectores, el país donde más muertos se están produciendo es en República Centroafricana del Congo. Más de cinco millones de personas en los últimos veinte años. Y sigue la cuenta. ¿Alguna potencia occidental está dispuesta a atajarlo? No. Pocas noticias tienen de ese país. Hasta que interese a los medios de comunicación de Europa o a los de EE.UU. Mientras tanto, China se aprovecha de las riquezas del país.

En las facultades de periodismo se enseña que la noticia es, sobre todo, la actualidad y la cercanía. Valen más cuatro muertos en tu ciudad que ochenta por una bomba en Pakistán. El espacio en esta última es irrelevante. Da igual que Pakistán sea uno de los puntos calientes del planeta o que tenga la bomba atómica, lo que puede ser todo un peligro si cae en manos de radicales islamistas. Lo importante son los cuatro muertos por accidente y si el conductor estaba bebido o drogado; mejor, mayor morbo.

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