El soborno del cielo

María Xosé Porteiro
María Xosé Porteiro HABITACIÓN PROPIA

OPINIÓN

20 ago 2018 . Actualizado a las 08:29 h.

Si Dios fuera una dama no tendría barba luenga, ni confirmaría que lo divino deba tener forma de varón ni, posiblemente, el prefijo patri sería mucho más común que matri, casi exclusivamente referido a la naturaleza femenina, mientras que el otro tiene numerosas acepciones vinculadas a lo social: gobierno, poder, bienes económicos... Cuando las religiones monoteístas tomaron partido a favor del sexo masculino, legitimaron su superioridad como regulador y normativizador de la sociedad.

He aquí un ejemplo: The Blue Street Journal decía que en un año se habían introducido más de seiscientos proyectos de ley para regular derechos reproductivos de las mujeres y cero para regular cualquier aspecto semejante relacionado con los hombres. Además, del total de legisladores que tenían que abordar estas propuestas, el 77 % de los líderes mundiales contrarios eran hombres que nunca tendrían que verse sometidos a la legislación que estaban elaborando. Vayan aquí algunos más. En estos días asistimos a situaciones diferentes y parecidas a la vez, que tienen lugar en sociedades del otro lado del Atlántico.

De una parte, el llamamiento a la apostasía masiva del catolicismo, en respuesta al argumento de la fe católica como objeción de conciencia para votar contra la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo en Argentina, algo inédito pero que no parece alarmar al Vaticano.