Pura magia... «Borrás»


Hay que reconocer que la idea no es mala. Ejecutada de otra forma y con un pelín de nivel, Pura magia bien podría haber sido un éxito para TVE. Pero no. El arranque, desconcertante, es más propio de Bailando con las estrellas. El baile, de hecho, tiene demasiado peso en las actuaciones de unos concursantes que más que magos parecen aprendices de artes escénicas. Con cambio de look a lo Cámbiame -con llanto incluido- y hasta un intento de prepararles para su poco probable presentación ante los medios, en plan OT, el resultado es catastrófico.

Tienen 2,45 minutos para hacer cada número, pero les sobran dos. Trozos de cuerda que no se unen, barajas que cambian de color dejando el truco al descubierto, bolas que desaparecen y aparecen al sacarlas del bolsillo, señoras que no se cortan por la mitad... y hasta un número de escapismo en el que la pobre víctima duró apenas unos segundos bajo el agua (¡si Houdini levantara la cabeza!). En definitiva, nada que un niño no pueda hacer con el Magia Borrás. Y todo aderezado por un Blake que, de tanta magia, se ha debido transformar en Risto -«aquí se viene llorado», le espetó a un concursante- y un presentador, Mag Lari, que siempre tiene en la punta de la lengua un chiste malo o un dardo como el del último miércoles: «Estás aquí para aprender, niñato». Magia es, más bien, que se siga emitiendo.

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