Arousa, la tierra del ying y el yang


Arousa es ese sitio en el que entablas conversación en la barra del bar y cuando tu interlocutor empina el codo te das cuenta de que lleva una pulsera telemática. Donde los cerdos meriendan hachís y los inodoros regurgitan billetes de mil. Donde los coches de gran cilindrada aparcan en la puerta de la oficina de empleo y donde las abuelas sin carné tienen a su nombre turismos de alta gama cuyas marcas no saben pronunciar. Donde «sin oficio ni beneficio» no quiere decir ni lo uno ni lo otro, donde «negro» no sugiere nada relacionado con el racismo ni con la literatura y donde la «fariña» marida con el chocolate.

Pero Arousa es también ese sitio donde habitan los héroes que salen con sus barcos al encuentro del chapapote, por mucho que algunos no solo de fuel manchen sus manos. Y es tierra del mejor néctar dorado que pueden producir las parras de albariño, aunque algunas se hayan plantado con las cenizas del contrabando. Y de los más sabrosos mejillones, aunque los criaderos que los alimentan hayan sido refugio tantas veces del codiciado Winston de batea.

En Arousa la mayoría de los Oubiña son honrados carpinteros, fotógrafos, futbolistas, piragüistas y hasta políticos, pero en el palmarés de los Juegos Olímpicos también hay apellidos que figuran en las crónicas del narcotráfico. Arousa parió genios de las letras como Valle-Inclán, Ramón Cabanillas o Julio Camba, aunque ahora otros publiquen libros con su verdad.

En Arousa se baten récords de parados, récords de internos en A Lama, récords de tiendas milagrosas con pingües beneficios sin que nunca ningún cliente haya entrado en ellas, récords de afortunados ganadores de la lotería... pero también récords de donantes de sangre, de romeros de Armenteira, de huevos de Pascua gigantes, de callos que se cocinan en agosto, de turistas, de larpeiros, de festivaleros, de farándula, de gente guay y de buena gente.

En Arousa te puedes encontrar a un octogenario que vive en un chalé flanqueado por leones de piedra que, al volver del gimnasio, te invita a un vino de la casa, te presenta a sus hijas portuguesas, te habla de su hijo el crápula y presume de conquistas a las que quintuplica en edad. Y es mejor oír y callar, porque a tu campechano anfitrión, que pasó media vida entre rejas, se le acusa incluso de haberle ajustado las cuentas a sus antiguos socios. Él lo niega todo, no es más que un viudo con sus propiedades embargadas que vive de una exigua pensión.

Al jubilado lo han detenido de nuevo, acusado de haber hecho lo único que sabe hacer y lo que lleva haciendo toda la vida. Lo arrestaron el mismo día en que los admirados deportistas del club de rugbi Os Ingleses leyeron el pregón de las fiestas de San Roque y en que As Revenidas presumía de cartel en Vilaxoán.

En Arousa conviven el bien y el mal, el ying y el yang, el cielo y el infierno. Cada cual que elija. Yo tengo allí mi paraíso.

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