Se anuncia fuego amigo


La leyenda dice que para triunfar en política hace falta dejar muchos cadáveres por el camino. Pablo Casado ya tiene los suyos, aunque no está claro si los mató él o se le suicidaron en la «operación integración» que se le demandaba en nombre de la sacrosanta unidad del PP. 

Son cadáveres ilustres, como Fátima Báñez o Íñigo de la Serna, que no aparecen en la lista de los designados para la dirección. Y hay una víctima ilustrísima, que es Soraya Sáenz de Santamaría, cuyo cabreo con Casado adquiere niveles estratosféricos. Tan estratosféricos, que ayer no quiso estar en la reunión del Comité Nacional.

Sáenz de Santamaría no encontró su representación «ni proporcional ni digna», a pesar de que diez de sus personas de confianza fueron incorporadas, según los datos proporcionados por Casado.

¡Dios, cómo engañan las fotos! Hasta ayer, todo eran sonrisas y apariencia de «buen rollito» entre los dos. ¡Y cómo engañan las palabras! Rafael Hernando llegó a la reunión de ayer hablando de un PP que salía de las primarias «más fuerte, más unido y con ganas de ganar las elecciones». La única verdad era la última, porque las «ganas de ganar» son las últimas que se pierden en una organización política. Pero la fortaleza habrá que demostrarla y la unidad quizá no esté en peligro, pero sí en delicado estado de salud. Y todo, porque Sáenz de Santamaría no consiguió el 43 por ciento de los cargos.

La situación llegó a ese punto crucial donde alguien tiene que ceder, porque no hay sillas para todos. Es el punto en que aparecen vencedores y vencidos.

Sintiéndolo por Soraya, cuyo talento y trabajo no vamos a descubrir aquí, la razón está del lado de Pablo Casado. Cuando se elige al presidente de algo, sea un partido político o una corporación industrial, tiene todo el derecho a formar su equipo con las personas que considere convenientes por su valía, su preparación o su lealtad. Es una de las grandes garantías de eficacia. Si se cede, por ejemplo, a la petición de integrar al 43 por ciento de oponentes, se ponen todos los números para crear un bloque interno de oposición. Y, si se trata de un partido político, es obvio que se legitima una tendencia, que viene a ser como un partido dentro del partido. Así ocurre en todas las instituciones que se cubren por cuotas. La confrontación futura es inevitable.

Lo que ignoramos ahora es si todo se trató de una táctica negociadora, empezando por la ruptura de las negociaciones de la noche del miércoles. Como sea algo más que eso, hará bien el señor Pablo Casado en guardarse las espaldas: a pesar de tener razón y arrancar con autoridad, se anuncia fuego amigo. Y, cuando se tiene pendiente el asunto del máster, el fuego amigo puede ser el peor.

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