Casado, el adversario facha necesario

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Imagínense lo que dirán de él si llega a tener dificultades judiciales con sus convalidaciones académicas. Lo intentarán destruir. Literalmente.

Según veredicto ampliamente extendido y compartido por ilustres firmas de este diario, con la elección de Pablo Casado el Partido Popular abandonó el centro político. Y no solo eso. Para el señor Ábalos, del PSOE, en el PP no hubo regeneración, sino regresión. Según el señor Villegas, de Ciudadanos, estamos ante «el PP de siempre, el de la corrupción». Y según el señor Echenique, de Podemos, ahora tenemos tres partidos de extrema derecha.

Estas calificaciones serían aceptables si hubieran estado precedidas por otra: haber reconocido en algún momento algo de centrismo y progresismo en Mariano Rajoy. Para abandonar el centro político, es preciso estar en él. Como nunca escuchamos tal cosa a ninguna de las personas mencionadas ni a sus fuerzas políticas, hemos de suponer que sus críticas forman parte de un ritual: descalifica, que algo queda. La descalificación ideológica es la primera lección de primer curso de destrucción del adversario mientras no haya gestión que reprocharle.

Sirva este recibimiento de los demás como primer aviso al nuevo presidente del PP: si ahora lo tratan así, imagínense lo que dirán de él si llega a tener dificultades judiciales con sus convalidaciones académicas. Lo intentarán destruir. Literalmente lo intentarán destruir.

Yo creo que de Pablo Casado se teme otra cosa: se teme que, autoexcluido Núñez Feijoo, sea el hombre que saque el PP del estado de depresión en que se encontraba después de su caída en votos, después de su expulsión del Gobierno y después de la orfandad en que Rajoy lo dejó. Ciudadanos puede dejar de ser la alternativa al PP si la operación Casado sale bien. El PSOE necesita tener enfrente a un ogro españolista y reaccionario para mantener el bloque de independentistas y antisistema que lo llevaron al poder. Y Podemos requiere también un conservador contundente para aglutinar a sus bases y confluencias. Casado es el enemigo común. Y si no lo es, se le fabrica o se le presenta como tal.

Pablo Casado no responde, en absoluto, al esquema que define a un facha en el escenario español. Lo único que hizo fue auscultar el pensamiento conservador y descubrió que hay, en efecto, preocupación por la eutanasia, descontento por la última regulación del aborto, temor ante el revisionismo histórico que amenaza la convivencia y profunda desconfianza ante el deshielo en Cataluña, desgraciadamente confirmada con los últimos movimientos de Puigdemont. Por eso le aplaudieron y lo votaron. Si eso es abandonar el centro político, es cierto que lo abandonó. Pero tampoco veo a Rajoy votando la eutanasia ni aplaudiendo los arrumacos de Sánchez a Quim Torra. La derecha es así. Vamos a ver si es así también la mayoría de la sociedad.

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