Desacougados por el pulpo


El trabajo de investigación científica, siempre que se mantenga lejos de la hipérbole y no concluya más allá de lo que los propios datos avalan, proporciona esperanzas y alegrías. Tal ha sucedido con un trabajo reciente publicado en la revista Fisheries Research por el equipo de científicos de Ecología Pesquera del CSIC de Vigo y de la Unidade Técnica de Pesca de Baixura de la Consellería de Pesca. Por su rigor y la amplitud del análisis, y por la perspectiva histórica sobre uno de los alimentos totémicos de la nación de los gallegos, el pulpo á feira. Por más que en su preparación intervinieran ingredientes entonces ajenos a Galicia, sean estos el aceite de oliva, el pimentón o la sal. Ventajas del comercio y mestizaje maragato.

No logro recordar si mi iniciación con el pulpo sucedió en la feira de Parga, en Santa Susana por la Ascensión, o quizá en El Sinvergüenza, el bar de Antonio en O Calvario noiés. Sí es seguro que el pulpo era seco, o quizá fresco y mallado. No había llegado el congelado.

La realidad, como sucede en nuestro mar y en nuestra pesca, se compone de la excelencia escasa de los productos del mar de cerca, y la abundancia sobresaliente de aquellos que nos llegan de los mares lejanos. La flota gallega de altura buscó nuevos caladeros, y entre ellos los de Huelva, Cádiz, Canarias y obviamente el Sáhara. Y hoy como ayer, la empresa pesquera de capital gallego sigue trabajando en aquellas mismas aguas del banco canario-sahariano y Mauritania. Por más que una amplia flota artesanal de más de 1.200 embarcaciones capture pulpo en las costas gallegas. Aportando a nuestros mercados un promedio de unas 2.500 toneladas de pulpo al año. Capturas oficiales que podrían estar subestimadas entre un 15 y un 50 %, lo que pondría el límite en unas 3.200 toneladas, para lo que sería pulpo gallego.

Sin embargo, las descargas totales de pulpo, entre 1964 y 1976 en Vigo, según el trabajo citado, registraron diez mil toneladas al año fruto de una pesquería iniciada en el banco canario-sahariano por buques-factoría japoneses, y desde 1966 por el buque factoría Galicia, antes un trasatlántico -el Habana-, transformado en factoría congelador por Pescanova y para el que trabajaban unos 70 pesqueros, como analizaron Carlos Bas y Enrique Morales.

Que la Unión Europea, también España, es deficitaria en productos de la pesca, hasta el extremo de importar casi nueve millones de toneladas, es una realidad histórica. Y en ese contexto, de cefalópodos, no solo pulpo, solo pescamos en las costas europeas un 20 % de nuestro consumo. Los últimos datos de Globefish FAO para 2016 estiman que España importó unas cincuenta mil toneladas de pulpo, procedentes más de la mitad del banco sahariano, como siempre. Sin embargo la tendencia de consumo, tanto en Asia como en América del Norte, se ha ido incrementando, y con ello los precios. Y tanto éxito del pulpo á feira, uno de los imaginarios de la Galicia de siempre, nos desacouga.

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