Una misión repleta de peligros y amenazas


En este tipo de rescates en los que se entremezclan peligros inherentes a varios factores la planificación es muy complicada. Los rescatadores deberán estudiar los posibles riesgos, como los problemas de inmersión en cuevas y la falta de superficie para ascenso a superficie en vertical en caso de emergencia.

Esto implica que, aunque tengamos una columna de agua de pocos metros durante la inmersión, el acceso a la superficie no es posible, obligándonos a recorrer grandes distancias para llegar a la superficie real que nos permita respirar sin equipo de buceo. A esto hay que añadir la oscuridad, los pasadizos laberínticos, los espacios angostos y los pasos estrechos entre las cavidades de la cueva, que nos obligan a instalar guías para poder regresar.

También hay que atender a los problemas de suministro de gases respirables, tanto para buceo como para mantener limpio el aire de las cavidades que no están inundadas. Los rescatadores deben crear una red de suministro de aire a lo largo del recorrido, mediante la instalación de equipos de buceo en los puntos necesarios para garantizar el acceso a aire para completar el recorrido y tener un suministro de emergencia.

Por la zona del suceso, también hay que vigilar los riesgos de crecida de las aguas subterráneas, en este caso por lluvias. Hay que tener en cuenta que los rescates de este tipo son de ida y vuelta, es decir, no basta con llegar hasta la cavidad donde están las víctimas. Además es necesario hacer el camino de vuelta a superficie con ellos, lo que supone que los rescatados deben enfrentarse a los mismos riesgos que sus rescatadores, pero en el caso de los auxiliados hay que tener en cuenta que no tienen preparación ni experiencia en este tipo de situaciones. Esto es lo más complejo de la operación. Un buceador adiestrado y con experiencia tendrá, por ejemplo, un consumo de aire de su equipo mucho menor que los rescatados. Además, la fatiga del camino es un potenciómetro del estrés, incluso para los miembros del equipo de rescate.

La falta de oxígeno en el espacio donde permanezcan las víctimas es otro problema clave en el dispositivo. Es vital poder ventilar la cueva y así evitar la asfixia. En caso de ser imposible la ventilación y renovación de aire, las labores de rescate deben planificarse para sacar a los atrapados antes de que el nivel de oxígeno de la cavidad descienda del 14 o el 13 %. Por debajo de ese porcentaje de oxígeno, posiblemente habrá síntomas de asfixia. Por esto se deben tener equipos de buceo y oxígeno en el itinerario.

*Xan Gastalla es buceador profesional

Por Xan Gastalla Buceador profesional

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Una misión repleta de peligros y amenazas