Sánchez y la verdad de sus 84 diputados


Cómo calificar el espectáculo dado por el presidente del Gobierno y Pablo Iglesias a cuenta de su pacto para nombrar -sin éxito, al primer intento- un nuevo Consejo de RTVE? De bochornoso: por opaco, sectario y trapalleiro. Ese juicio ha sido ampliamente compartido, con críticas incluso desde las filas del PSOE, algunos de cuyos dirigentes han señalado que la imagen proyectada difícilmente habría podido ser peor.

No insistiré, por tanto, en lo que constituye una obviedad. Ocurre, sin embargo, que la negociación entre el PSOE, Podemos, el PNV y los partidos golpistas catalanes ha dejado no solo al descubierto la intención de Iglesias de controlar RTVE -con la increíble e inexplicable anuencia del presidente del Gobierno- y la, no menos inexplicable e increíble, decisión de este último de dejar fuera de un acuerdo esencial a la mitad del Congreso y a la mayoría absoluta del Senado. No: la negociación ha puesto al descubierto un hecho esencial, pero olvidado tras la novedad del cambio del Gobierno: que, salvo acuerdo con el PP y/o con Ciudadanos, Sánchez no podrá sacar nada adelante en las Cortes sin el apoyo del golpismo catalán.

Golpismo que ha vuelto a dejar claro, por si alguien lo hubiera olvidado, que cualquier pacto que pretenda alcanzarse con sus diputados, indispensable para superar la suma de los de Ciudadanos y el PP, pasará por el reconocimiento de los llamados «legítimos derechos del pueblo catalán»: es decir, del derecho a la autodeterminación, que llevaría aparejado la celebración de un referendo sobre la independencia catalana.

ERC insistió en ello sin tapujos cuando el PSOE y Podemos recabaron su apoyo para hacerse con el control de RTVE. Los líderes republicanos manifestaron que tal cuestión no les preocupa, porque ERC juega en otra liga: en la de irse del país. Y entre las muchas cosas que a los de Junqueras pueden criticarse no está, desde luego, la incoherencia de tal razonamiento: apoyaron la moción de censura para echar a Rajoy con la esperanza de que la mayor debilidad parlamentaria del nuevo Gobierno y el infinito oportunismo de su presidente mejorarían sus posibilidades de arrancarle a uno y otro lo que sabían que jamás obtendrían del PP. Y en eso están: lo conocía quien aceptó convertirse en presidente con su apoyo y no puede llamarse a engaño ahora.

Por eso, desde ya mismo, debemos estar muy vigilantes, pues cada vez que Sánchez cuente con los votos de los diputados del golpismo catalán será legítimo preguntarse qué precio ha pagado a cambio el Ejecutivo nacional.

La vicepresidenta del Gobierno proclamó ayer que «nos disponemos a intensificar un diálogo abierto, franco, democrático, sin cortapisas» con la Generalitat secesionista. Si hay pacto sobre la dirección de RTVE con el apoyo de ERC y el PDECat sabremos a ciencia cierta que ese «sin cortapisas», cuyas consecuencias se verán, habrá sido el precio pagado en este caso.

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