El mundial de Hitchcock


Ni el mago del suspense habría imaginado una tortura más refinada. Un equipo marca un gol, pero no es gol, hasta que pasan varios minutos y todo tipo de celebraciones, protestas, tanganas, dudas e incertidumbre. Finalmente, el árbitro recibe la información a través de un auricular -el mayor espectáculo del mundo pendiente de un pinganillo- y toma su decisión salomónica con grandes aspavientos. Nada que ver con el ojo de halcón del tenis, que resuelve en segundos si una bola ha rozado o no la línea.

El VAR (video assistant referee) se ha convertido en la estrella de Rusia 2018, por delante de Messi y Cristiano. Un sistema de altísima tecnología que incluye 33 cámaras en cada campo de fútbol, ocho de ellas super slow-motion y cuatro ultra slow-motion. Si un video normal va a 24 fps o cuadros por segundo, la película que graban estos objetivos de alta definición multiplica su velocidad por cientos o miles de fotogramas. Adicionalmente hay dos cámaras específicas para el fuera de juego y a partir de la segunda fase de la competición se pondrán otras dos ultra slow-motion, una detrás de cada portería.

Las repeticiones a cámara lenta se utilizan principalmente para identificar el punto de contacto y la posición de los jugadores en una falta. La velocidad normal se usa para juicios subjetivos, por ejemplo, determinar la intensidad del choque entre dos jugadores o si una mano dentro del área fue deliberada o involuntaria. En el caso de los fuera de juego se emplea tecnología 3D y una trama de líneas virtuales generadas por ordenador que se superponen a la imagen transmitida y que tiene en cuenta el ángulo de visión, la distorsión de la lente, la curvatura del campo y otros factores.Todo este sistema es controlado por un árbitro principal y tres asistentes desde una sala (video operation room o VOR) ubicada en este caso en el International Broadcast Centre de Moscú, y conectada a cada estadio por una red de fibra óptica. La compañía Hawk-Eye Innovations, englobada en Sony, facilita la infraestructura de vídeo, y la británica Crescent Comms la de audio. ¿Podrían hackearse las imágenes para favorecer a algún equipo? Quién sabe, quizá más que de Hitchcock, estamos hablando de una película de Stanley Kubrick.

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