Empachados de concursantes


No hemos hecho más que arrancar el verano y los espectadores ya estamos fritos, torrados de tanto show diario, así que si alguna cabeza pensante está intentando colarnos algún concurso más esta temporada que sepa que la saturación es máxima. Que ni siquiera el público más joven da para esta intensidad de talentos y realities. Durante el año nos hemos venido tan arriba con la fuerza de Operación triunfo y con el éxito de Supervivientes que es normal que a estas alturas se nos haya atragantado cualquier propuesta que acabe con un claro ganador; cualquier propuesta en la que tengamos que volver a votar, que volver a elegir, que volver a pasar por el mismo control del jurado, de la fase final o la semifinal. Si a eso le añadimos el Mundial de fútbol, no damos abasto con tanta clasificación y con tanta competencia. Tal vez por eso ni Factor X ni el aplaudido MasterChef hayan acabado por cuajar en una parrilla que está más que chamuscada a final de curso. Un curso en el que hemos cantado, cosido, cocinado, bailado, imitado... hasta el aburrimiento. No queremos más talents, no queremos más «yo canto mejor, yo bailo mejor, yo cocino mejor, yo imito mejor, yo decoro mejor, yo reparo mejor, yo organizo mejor, yo fracaso mejor». Ojalá que el verano nos despeje un poco de esta televisión resabiada, porque merecemos evadirnos con un buen chapuzón.

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