Por prescripción facultativa

Rafael Arriaza
Rafael Arriaza LÍNEA ABIERTA

OPINIÓN

22 jun 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Es posible que muchos piensen que el anuncio de Apple de que en sus oficinas centrales los trabajadores podrán utilizar un tiempo para moverse y caminar cada hora, o trabajar de pie en lugar de sentados, es una moda o una locura de los de la manzanita, pero están equivocados. Desde hace mucho tiempo sabemos que los hábitos de vida son una parte muy importante a la hora de determinar el riesgo que corre la salud de las personas, pero da la impresión de que hemos ido acostumbrándonos a que la medicina nos resuelva los problemas que van apareciendo, sin poner mucho de nuestra parte para prevenirlos. Sobre todo, si ello conlleva algún tipo de esfuerzo o de sacrificio.

Está archidemostrado que el sedentarismo (hacer menos de 30 minutos de ejercicio moderado al menos 3 veces por semana) es tan peligroso para la salud como fumar o la hipertensión, e incluso más que la obesidad, pero casi todos los médicos vemos día tras día a pacientes que vienen a buscar «tratamientos» -sean farmacológicos, fisioterápicos, o incluso quirúrgicos- para dolencias que se aliviarían o incluso se resolverían con ejercicio realizado correctamente, y que no quieren aceptar esta prescripción, porque les parece «poco», o como muchos dicen, porque eso «se lo dicen siempre». Esos pacientes olvidan que una prescripción no es un consejo. Es algo basado en la evidencia científica y, de hecho, casi siempre es más complicado de hacer que prescribir un medicamento. Es decir, que no se hace porque al médico le resulte más cómodo o no le importe el sufrimiento del paciente. Más bien al contrario.

Pero, además, con frecuencia olvidamos que ningún sistema sanitario podrá resistir el gasto que supone la medicina reactiva. Esa que se basa en el uso cada vez mayor de fármacos y procedimientos para tratar enfermedades que nosotros mismos nos generamos por nuestro estilo de vida… ¡Solo para poder seguir haciendo ese mismo tipo de vida que nos perjudica! Este es un problema, del que los profesionales sanitarios solemos, en general, ser muy conscientes, pero al que algún día tendrán que enfrentarse también -¿será posible?- tanto los usuarios como los gestores sanitarios. Lo más difícil es planificar a largo plazo, tanto por parte de los unos como de los otros. Aceptar que hacer ejercicio diariamente va a reducir nuestro riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes, o incluso cáncer de colon, o aumentar nuestra longevidad con buena calidad de vida, exige un ejercicio de voluntad. Aceptar que puede ser más útil invertir en cambiar los hábitos de actividad física de la población que en inaugurar obras mastodónticas y a veces dudosamente lógicas, pero eficaces de cara a su repercusión mediática, exige un ejercicio de visión a largo plazo difícil de conjugar con la actuación política habitual. Especialmente, porque los beneficios de la planificación a largo plazo no se ven al día siguiente, y en esta época en que vivimos parece que solo cuenta lo inmediato, lo que se puede publicar en las redes sociales, y que pensar en futuro no se lleva.