Y Feijoo guardó su fusil


Mientras improvisados politólogos y sesudos tertulianos se empeñaban estos días en enumerar las razones por las cuales Alberto Núñez Feijoo debería abandonar Galicia para asumir el liderazgo del PP nacional, decidí permanecer callado y escribir de otros asuntos menores. No por nada, sino porque no tenía demasiado claro que, desde un punto de vista estrictamente personal, Feijoo, renunciase a un retiro dorado para correr el riesgo de empuñar el timón de un PP hecho trizas.

Había varias razones de peso para pensar que ese sería el final de este relato. En primer lugar, porque, conociendo la parsimonia de Rajoy, lo más verosímil es que Mariano saltase del bus en marcha sin dejar encauzada una sucesión ordenada, que al final se ha convertido en un duelo a pistola entre Casado, Margallo, Soraya y Cospedal. Y Feijoo no ha querido verse envuelto en este proceso cainita.

Tampoco hay que olvidar que, a mayores de su compromiso con Galicia, que como ha dicho en su intervención le lleva a querer completar su mandato al frente de la Xunta, el viaje a Madrid hubiese supuesto un sacrificio muy probablemente estéril. Porque el sucesor de Rajoy no lo tendrá fácil. Como ya apuntaron las primeras encuestas de emergencia, el PSOE puede sacar un rédito muy importante a su paso por el poder. Sánchez tiene solo 84 diputados, sí, pero en su mano están el BOE y la mesa del Consejo de Ministros. Y aunque Pablo Iglesias le haya prometido un «auténtico calvario» en la Moncloa, veremos si cuando el Gobierno acuda al Congreso con medidas como la derogación de la ley mordaza o un profundo retoque de la reforma laboral del PP, Podemos tiene arrestos para votar en contra.

Con la economía ya resucitada, dos o tres medidas de relumbrón, como la devolución de la atención sanitaria a los simpapeles o la acogida de los refugiados del Aquarius, el sólido Gobierno formado milagrosamente por Sánchez y el apoyo de Bruselas (Nadia Calviño es Bruselas en estado puro) no es improbable que el PSOE sea el partido más votado en las próximas generales, como han apuntado ya los sondeos de primera hora. Tal vez se equivoquen en este punto, pero creo que no en una tendencia que indican todos ellos: un revival del bipartidismo PP-PSOE, con unos votantes que empiezan a estar ya hartos de la cháchara y los experimentos con gaseosa que prometen Podemos y Ciudadanos.

Así que Feijoo no se va a Madrid, porque sabe muy bien que lo suyo no sería un paseo militar y lo más factible es que tuviese que hacer durante años la travesía del desierto en la oposición. Feijoo ha guardado finalmente su fusil en el armario, porque la opción de regenerar un partido que ha quemado toda su energía en llevar la contabilidad (la A y la B) no resulta lo suficientemente tentadora.

Yo creo que Alberto Núñez Feijoo, buen conocedor de la obra del otro Feijoo, el del siglo XVIII, seguramente ha leído un libro titulado Tratado sobre vampiros, del benedictino Augustin Calmet, que se cierra con unas Reflexiones críticas del Padre Feijoo. Este completo manual sobre los chupasangres, muertos vivientes, excomulgados, fantasmas, gentes enterradas en vida y otros espíritus le convenció finalmente de que es mejor mantenerse lo más lejos posible de los pasillos de Génova 13.

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