El 24 de mayo pasado el Consejo General de la ONU aprobó una resolución que condenaba el uso del hambre como arma en un conflicto y reiteraba que se trata de un crimen de guerra. Como era fácil pronosticar, no ha tardado en presentarse la ocasión de poner a prueba esa resolución. Ahora mismo, en Yemen, las fuerzas saudíes y sus aliados están enzarzados en una batalla por el control de la ciudad portuaria de Al Hudeida en la que no es difícil ver el uso del hambre como arma de guerra. Y, sin embargo, ayer era el propio Consejo de Seguridad el que rechazaba la propuesta sueca de promover un alto el fuego.

La cuestión de Al Hudeida es la siguiente: hay otros puertos en la parte de Yemen que controlan los rebeldes hutíes, pero este es el único con calado suficiente para grandes barcos, lo que lo convierte en su conexión con el mundo exterior, en la única puerta de entrada de comida para la zona bajo control hutí en la que viven 18 millones de yemeníes. Un 80 por ciento de la población de Yemen necesita ayuda alimentaria, pero de esos 18 millones, ocho sufren ya el hambre. Si los saudíes cierran el puerto de Al Hudeida, el resultado puede ser todavía más catastrófico, como advierten las organizaciones humanitarias. Eso sí, prácticamente supondría la victoria de la coalición saudí en esta guerra. Por eso Estados Unidos y Gran Bretaña, que apoyan sin demasiado disimulo a los saudíes en el conflicto, orquestaron ayer la oposición al plan sueco de tregua en el Consejo de Seguridad de la ONU. Y esto cuando está en marcha una iniciativa de paz de la propia ONU, que iba a presentarse el próximo lunes. Uno de los puntos de ese plan era, justamente, la desmilitarización del puerto de Al Hudeida, que habría pasado a control de las Naciones Unidas. Está claro que los saudíes y sus aliados querían evitarlo a toda costa y por eso han lanzado esta ofensiva.

Es una curiosa repetición de la historia. En 1934 Arabia Saudí libró una guerra con el entonces Imanato del Yemen que, al igual que ahora los hutíes, controlaba la capital Saná y las tierras altas del país. Los saudíes, como ahora incapaces de ganar la guerra por medios militares, emplearon esta misma táctica de bloquear a sus enemigos y reducirlos por medio del hambre.

Sobre el plano, los hutíes tienen muy pocas posibilidades. Siguiendo la estrategia de lo que se ha denominado operación Victoria Dorada, una brigada emiratí desembarcada al oeste de Al Hudeida avanzaba ayer hacia el puerto, mientras desde el sur, de las proximidades del aeropuerto, está llegando otra fuerza mayor de tropas de los Emiratos apoyadas por fuerzas yemeníes. En parte, estas son unidades que han cambiado recientemente de bando, tras romperse hace meses la alianza entre los hutíes y las fuerzas regulares del expresidente Alí Abdulá Saleh, al que los hutíes mataron en un atentado precisamente por negociar en secreto con los saudíes. Ahora son los seguidores de Saleh quienes se vengan de los hutíes. De hecho, al frente de estos soldados yemeníes marcha Tariq Saleh, un primo del asesinado expresidente.

Sed de venganza, hambre como arma de guerra. El acto final de la guerra de Yemen parece que se acerca con aire de tragedia.

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Yemen: el hambre como arma de guerra