Mares bravíos y mares sumisos


Columnista (Vilanova de Arousa, 1884-Madrid, 1962)

Hay mares y mares. Hay mares sombríos, broncos y feroces que lanzan constantemente su caballería contra la costa -las crines al viento- en cargas temerarias y frenéticas, ¡Qué diferencia entre semejantes mares y este mar familiar de las rías bajas que va y que viene tan mansamente por las ensenadas y los esteros! A las once de la noche, pongamos por caso, nuestro pequeño mar se retira y los esteros quedan en seco. ¿Que adónde va? Va de compras. Va al interior de la ría a hacer su provisión de peces. Va a buscar solías y chopos, múgiles y fanecas a más de algunas algas para abono de los campos. En esta tarea suele invertir unas doce horas, y hacia el mediodía hénoslo aquí de vuelta, distribuyendo su preciosa carga del modo más equitativo posible.

El mar es aquí algo así como una finca de propiedad colectiva. Es la finca de todos, y entre los que viven a su lado, nadie se considera completamente pobre, el que más y el que menos sabe que, a la hora de comer, tiene siempre a su disposición en el mar una ración de almejas o de cangrejos, un par de vieiras o un plato de calamares. Claro que a ustedes les molestaría un poco el tener que quitarse los zapatos para meterse en el agua; pero ¡si vieran ustedes lo molesto que sería para mis convecinos el tener que calzarse para entrar en una pescadería!...

Como digo, este mar es la finca de todos, y sus diversos propietarios van criando en él peces y mariscos así como en fincas terrestres pudieran criar aves o conejos. Tal anguila, por ejemplo, que un ciudadano se come hoy, es una anguila a la que ha visto nacer: una anguila que pescó ya, quizás, hace algún tiempo, y que, habiéndola encontrado un tanto flaca, volvió a caer en el agua para que engordase un poco. Por eso, minucioso conocedor de las costumbres que tenía en vida, exclamaba al paladearla:

-Qué incorregibles son algunas anguilas. Esta se empeñó siempre en tener gusto a barro, y lo ha conseguido...

¿Cómo comprar una anguila así, aunque sepa a barro, con esas anónimas anguilas de pescadería, que no saben a nada? Y ¿cómo comparar con el mar bravío de los trasatlánticos y de los tiburones este mar sumiso, doméstico y bueno que da de comer al pobre y que le lava los pies?

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