El arte de vender humo


Lo malo de ser listo es que a veces te puedes pasar de listo. Le pasó a Rivera. Y ahora anda dando tumbos por las esquinas de la política con su tristeza a cuestas: ese rictus de amargura de quien lo ha perdido todo sin haber ganado nada. Sánchez, más listo que Rivera, puede sufrir el mismo síndrome. Tarde o temprano mostrará su cara real: la que lo llevó a la presidencia con el voto de Podemos, PDeCAT, Esquerra, etc. No insisto en lo que pienso de él. Lo he escrito mil veces. A partir de ahora lo juzgaré por sus hechos: en política, como en la vida, son los que realmente cuentan.

Sus ministros y su consejo (de ministros y ministras debo decir cual equilibrista de lo políticamente correcto) son su primer mitin electoral. Para ello ha creado este cuerpo de élite de la imagen, la experiencia, el populismo, el antiindependentismo, andalucismo, etcétera. No da puntada sin hilo. Su estrategia: formar un cuerpo ejecutivo que intentará ejecutar y no podrá. Moraleja: lo hemos intentado y no hemos podido por culpa de estos y los otros. Y ya todo estará preparado para las elecciones. El listón lo ha puesto alto. O no. Permítanme discrepar y decir que estoy pasmado ante tanta felicitación al nuevo Ejecutivo. Es la izquierda. Son los mejores vendedores de humo. Los patriarcas del márketing y la propaganda. Si Rajoy hubiera hecho los deberes en la comunicación, otro gallo cantaría. Pero se dedicó a las hojas de cálculo de la economía y obvió lo fundamental en este mundo mediático que habitamos: las ideas, la propagación de las mismas, el «buen decir». Pena. Por lo demás, fue un óptimo presidente. En la corrupción, también. ¿Acaso alguien tomó más medidas legislativas en contra de la corrupción que Rajoy? Nadie. Nunca.

Sigo con los vendedores de humo. ¿Recuerdan a Solbes? Cuánto lo aplaudieron los medios cercanos, y los otros. Y resultó, no lo digo yo, sino él mismo, que su gestión «podría ser mejorable». «Me equivoqué», dijo. Él nos llevó a la ruina. Pero era el mejor. Como Rodrigo Rato, otra eminencia, este de la derecha, que fue otro de los magnos fiascos políticos de nuestra democracia.

En conclusión: Pedro Sánchez nos ha mostrado un escaparate que ahora tendrá que gobernar con el independentismo y el populismo, porque esos son sus apoyos. Esos y una parte poderosa de los medios. En cabeza, dos televisiones de barricada y, a partir de ahora, RTVE, que nunca fue más sectaria que con los socialistas. Pero no nos engañemos: son maestros de la propaganda. Parece que no hacen lo que hacen. En Galicia, por ejemplo, se repartieron la CRTVG como una tarta: radio para el BNG y TVG para el PSOE. El resto, al cuarto de los ratones. ¡Y pasan por ser imparciales e inclusivos!

Termino: ¿qué dirían de Rajoy si va de trece a diecisiete carteras, con el gasto que ello representa, y coloca a un «cráneo privilegiado» como Màxim Huerta al frente de Cultura? A los vendedores de humo, sin embargo, se lo permiten. Es lo bueno, y lo malo, de ser listo.

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