Clamorosa ausencia de patriotismo


La clase periodística es más generosa, también más patriótica, que la clase política. La clase periodística prescindió de prejuicios sobre el nuevo Gobierno, reconoció lo que había que reconocer y criticó lo que había que criticar. La clase política ha vuelto a dar un ejemplo de partidismo, de egoísmo y de defensa de sus intereses de grupo. Y prácticamente no se libra de esta acusación ningún partido ni ningún líder político; ni siquiera los que llevaron a Pedro Sánchez al poder, quizá porque lo único que les movió en la moción de censura fue el ansia de echar a Mariano Rajoy, como si ese fuese el único objetivo de su presencia parlamentaria.

La mayor agresión está siendo la del PP. No acaba de digerir la moción de censura y emprende el camino de negar la legitimidad de la llegada al poder de Pedro Sánchez porque no procede de las urnas. Su portavoz en el Congreso, Rafael Hernando, quiere provocar el debate sobre el estado de la nación, pero no para analizar la situación de España, ni para ensalzar la labor de Rajoy, ni para que Sánchez reconozca la herencia política recibida. Lo quiere provocar para decirle al PSOE que ha pactado con ETA y para convencer a los españoles de que Pedro Sánchez ha sellado pactos secretos, seguramente indecentes, con los enemigos de la nación. Ignoro qué réditos puede conseguir con esa difamación, pero esa es su estrategia.

Le sigue en agresividad Podemos, que hace demasiado visible una herida: Pedro Sánchez no les dio ningún ministerio. «En 24 horas se ha olvidado de quién le ha dado el poder», dice Pablo Iglesias en una confesión de grosera sinceridad. El señor Iglesias, como buen politólogo, debería saber que existe la colaboración externa, sin estar en una poltrona ministerial. Podría estar satisfecho de tener en el Gabinete una fuerza de izquierdas. Podría tratar de influir en las decisiones del Gobierno con la cantidad de diputados que tiene. Pero no: prefiere lanzar la imagen de un Gobierno débil por su precariedad parlamentaria y darle un carácter de provisionalidad. Y esto no ocurre un año después de la formación del Gobierno, ni siquiera de los clásicos cien días de cortesía. Ocurre el mismo día de la toma de posesión.

Naturalmente, todos los partidos tienen libertad de expresión y de crítica. Pero creo que se impone una reflexión: no solo dañan al PSOE y a Sánchez, dañan al país en su conjunto. El PP transmite desconfianza, Podemos transmite inestabilidad y entre ambos producen inseguridad en los mercados y en los Gobiernos europeos. Curiosamente, son los dos partidos que más hablan de patriotismo. Para ellos el patriotismo no es el interés nacional; el patriotismo es escandalosamente sinónimo de poder.

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