Los dilemas de Pedro Sánchez


Un pronóstico en el día cero de Pedro Sánchez: durará más de lo previsto y lo hará mejor de lo esperado. Esto último es muy fácil, la apuesta por que se da el batacazo se paga 1,001 a 1, empezando por los apostantes del propio PSOE. Los libros de historia lo recordarán por lo que haga a partir de hoy, da igual las expectativas que haya generado hasta la fecha y cómo haya llegado al lugar que ocupa. De momento, lo que es seguro es que lo que hace una semana parecía un movimiento suicida ha acabado para Sánchez mucho mejor de lo esperado. Algún día sabremos quién tuvo la visión de ver la ventana de oportunidad que se le abrió al PSOE cuando estaba casi moribundo, quién fue el astrónomo que vio la alineación en el firmamento: Zaplana y la Gürtel, el casoplón de Galapagar y la ridiculez de Marta Sánchez con Ciudadanos. La otra gran incógnita es qué compromisos ha adquirido Sánchez para llegar a La Moncloa y cuáles piensa cumplir. ¿Qué le prometió a Marta Pascal, la gran defensora de que Cataluña vuelva al mundo de la política normal, para que esta lograra pasarle por encima a Puigdemont y Torra, arrastrara a ERC y, por efecto dominó, al PNV, obrando lo que hace unos días parecía imposible? Las primeras pistas las tendremos pronto, cuando se conozcan los ministros. Está claro que Sánchez no le hará caso a Pablo Iglesias, porque no lo necesita. Y que el PP desde el primer día y Podemos cuando se acerquen las municipales le harán una oposición salvaje, lo cual probablemente le vendrá bien, porque le ayudará a moverse al centro. Pero el asunto clave será su gestión del espinoso tema catalán, en el que ha quedado demostrado que la receta mariana de no hacer nada no funciona. El tema es crucial porque el reto de Sánchez no es solo gobernar dos años, algo que tiene garantizado salvo que se dé la aún más difícil conjunción astral de que el PP y Podemos se pongan de acuerdo para echarlo. También tiene que reconstruir el PSOE y la historia demuestra que para eso siempre ha sido clave el voto catalán. ¿Se rodeará de gente como Borrell, el único representante de la vieja guardia que apostó por él, o se echará a los brazos de Iceta? Dicho de otro modo, ¿se acercará al alma española del PSC o a la que coleguea con el nacionalismo? ¿O acaso se apoyará en los dos? Es decir, ¿intentará recuperar el voto que le ha birlado Ciudadanos o el que se le ha fugado a Ada Colau? La novedad desde octubre, y por eso Cataluña es un campo minado para Sánchez, es que lo que haga en esta comunidad influirá en el segundo diputado de Soria, la clave para gobernar España. Por lo demás, el PP le ha dejado un terreno suficientemente fértil como para poder aplicar políticas efectistas que logren el aplauso en Twitter. O, dicho de un modo menos despectivo, para intentar reenganchar a las generaciones que PP y PSOE han perdido. En asuntos como la ley mordaza, el impuesto al sol, el bochorno de TVE y el #metoo solo puede hacerlo mejor. En cuestiones económicas, como la reforma laboral o el techo de gasto, no tendrá margen. La senda del déficit es innegociable, como bien saben Tsipras en Grecia y la coalición de izquierdas portuguesa. Ahí sí que no caben las apuestas.

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