Y el Apocalipsis no ha llegado


Lo primero que hice ayer por la mañana, tras escuchar en los medios las trompetas del apocalipsis, y como de casualidad estaba en Madrid, fue salir a la calle a ver si la hecatombe se había consumado. Sin embargo, en López de Hoyos todo parecía normal, incluso rutinario. Faltaban apenas unos minutos para que Pedro Sánchez tomase posesión como presidente del Gobierno y el cielo de Madrid, ese cielo que solo supo pintar Velázquez, estaba nublado, sí, pero no se había caído sobre nuestras cabezas como temían Astérix y algunos tertulianos.

Así que me fui a dar un paseo con la radio encendida y escuché al gran José Martí Gómez recordando una frase que le había soltado el ya expresidente, en uno de esos reducidos encuentros con periodistas que cuando era ministro de algo acostumbraba a hacer Rajoy: Cuando hay problemas, lo mejor es estar por ahí. Esa sentencia y la lapidaria «a veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión», que en realidad Rajoy llegó a aplicar durante su mandato suprimiendo el «a veces», definen lo que ha sido el marianismo. Porque el triste legado de Rajoy Brey, cuando lo veamos con un poco de perspectiva, se ha reducido a llevar con cierta soltura los libros de cuentas -los del Gobierno, de los del PP mejor no hablamos- y a huir de los problemas y de la prensa. Sus ejercicios de escapismo cuando Aznar lo envió a Galicia a gestionar (es un decir) la crisis del Prestige son antológicos. Incluso ontológicos. Pero tendremos que agradecerle profundamente al marianismo, hijo natural y no reconocido del aznarismo, que por primera vez en España la corrupción ha pagado un alto precio político, no solo judicial. Ha caído nada menos que un Gobierno.

Detrás de la Gürtel está Rajoy por acción u omisión y por eso se ha tenido que ir a su casa, pero sobre todo están Aznar y el aznarismo

Y como siempre estamos dando la matraca con que España no es un país serio y que las cosas que suceden aquí no pasarían jamás en lugares civilizados como Alemania, hay que recordar que la financiación irregular de la CDU, el partido de Merkel, no solo no acabó con las siglas democristianas, sino que el principal protagonista de la trama corrupta, un tal Wolfgang Schäuble, era el presidente de la CDU en 1994 cuando en su caja b ingresaban dinero negro hasta siniestros traficantes de armas. Sí, el mismo insaciable Schäuble que nos daba lecciones de moralidad a los países del sur durante la crisis financiera autoalimentada por Bruselas y Berlín con sus errores de bulto en la nefasta gestión política del hundimiento bancario. El mismo sabueso Schäuble que sometió a España a un austericidio del que todavía no hemos salido, diga lo que diga el PIB. Porque el PIB no ha llegado al bonobús de los ciudadanos que ayer esperaban el 9 en López de Hoyos para ir al trabajo.

¿Y qué podemos esperar del mandato de Pedro Sánchez? Pues una oposición despiadada por parte del PP -que tampoco sabe marcharse del poder, recordemos cómo trató a Zapatero- y una puesta a prueba de la lealtad de Podemos y partidos como el PNV. Porque habrá que ver si el nacionalismo vasco, que se ha apuntado con comedido entusiasmo a la moción de censura, se suma a las primeras medidas progresistas que buena parte de la ciudadanía espera del PSOE: la derogación de la infumable ley mordaza y la liquidación de una reforma laboral que ha sido letal para los derechos de los trabajadores, sí, pero también para el crecimiento económico, ahogado por la falta de dinero en los bolsillos de esa gente que, con el consumo interno, sostiene este país. Ahora solo falta que averigüemos dónde está, qué hace y qué piensa de todo esto el locuaz presidente de la FAES -vaya puntería con las siglas, José María-. Porque detrás de la Gürtel -no lo olvidemos nunca- está Rajoy por acción u omisión, y por eso se ha tenido que ir a su casa, pero sobre todo están Aznar y el aznarismo. Tal vez el hombre cuyas dos grandes contribuciones a la historia de España fueron suprimir la mili e inventar el no-bigote debería salir a escena y dar un par de explicaciones. Claro que pedirle explicaciones a quien se cree Dios Uno y Trino es como pedirle a Messi que nos cuente qué le pasa por la cabeza cuando tiene el balón en el pie al borde del área. Una quimera.

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