Maquinación de censura


Tiene razón Rajoy cuando insiste en que su partido no ha sido condenado penalmente en la última sentencia de la Gürtel. Y la tiene pese a que nadie ha sabido explicar en el PP que el partícipe a título lucrativo, favorecido por la corrupción, debe desconocer que los fondos de los que se beneficia proceden de un delito y no puede estar acusado de participar en su comisión. Es decir, debe estar en una situación justamente opuesta a la que, tras la sentencia, han denunciado, por ignorancia o mala fe, muchos medios de comunicación y, salvo el PP, todos los partidos.

Ocurre, sin embargo, que ello resulta irrelevante, pues la sentencia remacha un clavo que habían golpeado ya cien martillazos: la relación estructural del PP con la corrupción, sobre todo durante la época de Aznar y, principalmente, en las comunidades de Valencia y de Madrid. Esa relación, que se sustancia ahora penalmente, ha sido tan escandalosa que ha arrasado la imagen de Rajoy y su Gobierno, nublando incluso el éxito de una gestión que ha sacado a España de la peor crisis económica de los cincuenta últimos años.

Es precisamente la lógica conmoción popular provocada por un rayo que no cesa (los casos de corrupción en el PP) la que da verosimilitud ante millones de personas al segundo intento de Sánchez de llegar por la puerta trasera (tras dos derrotas electorales clamorosas) a la Moncloa. Un intento que resulta, ¡lo que ya es decir!, mucho más inmoral y disparatado que el primero. Porque no es cierto, como se repite con lo del día de la marmota, que estemos en la misma situación que, cuando, en marzo del 2016, el líder del PSOE intentó ser investido presidente con 90 diputados.

La primera diferencia es que a Sánchez le bastaba entonces la mayoría relativa en segunda vuelta, lo que hacía posible una investidura sin el apoyo de los independentistas, mientras que ahora, cuando es necesaria la mayoría absoluta, el voto del secesionismo catalán resulta absolutamente indispensable para Sánchez, que solo ganará si, además del PNV, lo votan ERC y el PDECat: así de claro.

Un PDECat y una ERC que no son los del 2016, pues desde entonces han organizado una rebelión contra el Estado, declarado la independencia de Cataluña y proclamado la república, como consecuencia de lo cual los principales líderes del golpe están procesados por gravísimos delitos, varios en prisión y otros dados a la fuga.

España necesita desde luego una regeneración para, entre otras cosas, poner freno a una corrupción que afecta especialmente a sus dos grandes partidos. Pero que Sánchez pretenda hacerla con quienes se han alzado contra la unidad del país y su Constitución sería una tomadura de pelo si no supusiera una traición. Una traición que el PSOE no toleró hace dos años y que ahora, con la más grave crisis de la democracia abierta en canal en Cataluña, aplaude con un entusiasmo incomprensible.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
104 votos
Comentarios

Maquinación de censura