Que los inscritos juzguen a Pitágoras


Un buen amigo y sabio profesor fue durante un tiempo decano de la Facultad de Matemáticas de la Universidad de Barcelona. En una ocasión me contó que, durante su mandato, a algún gerifalte de Educación se le ocurrió la extravagante idea de que el equipo decanal consensuase con los representantes de los alumnos el contenido del plan de estudios.

Durante las negociaciones, los estudiantes exigieron que se retirase del programa la teoría de Évariste Galois, uno de los padres del álgebra moderna y que, aunque únicamente sea por la vida que llevó -murió en 1832, con solo veinte años, en un duelo a pistola por un asunto de amores-, ya merece la pena conocer.

Al final, el decano logró convencer a los futuros matemáticos de que necesitaban los teoremas de Galois para comprender algunos conceptos básicos de la ciencia moderna y el bueno de Évariste se quedó en el plan de estudios.

Y es que la democracia está muy bien para decidir ciertas cuestiones, como quién lleva el Gobierno de un país o si la comunidad hace una derrama para pintar la fachada. Pero hay temas en los que el voto mayoritario no puede imponer su voluntad.

Ahora vemos cómo Podemos y su sucursal gallega, En Marea, someten a plebiscito dos problemas estrictamente personales y relativos a la conciencia individual de sus protagonistas. Los inscritos e inscritas de Podemos decidirán de aquí al domingo si el chabolo de 600.000 euros que se han comprado Pablo Iglesias e Irene Montero en Galapagar es una dacha a tutiplén o un humilde apero de labranza y, en consecuencia, si deben dimitir o no de sus cargos por haberse pasado a la oligarquía de la sierra madrileña. En Galicia, En Marea ha subcontratado a las bases para dirimir si Paula Quinteiro tiene que renunciar a su escaño en O Hórreo por haberle soltado a los municipales de Santiago ese clásico de «usted no sabe quién soy yo» cuando los polis pillaron a sus colegas de farra practicando el noble arte de romper retrovisores. La policía de las Mareas se ve que le tiene manía a los anticapitalistas. Ayer mismo, en A Coruña, los locales desalojaron con la mano abierta a los okupas de la Comandancia de Obras. ¿Es este el nuevo rostro de Podemos/la Marea: chozas de 600.000 chinchulines para los líderes y porrazos municipales a los antisistema?

Si lo de Iglesias y Montero es simplemente una contradicción entre sus antiguos dichos y sus actuales hechos -porque por supuesto que Pablo e Irene tienen todo el derecho del mundo a entrar por la puerta grande en la plutocracia-, lo de Quinteiro también es un problema suyo y de su más íntima conciencia.

A este paso, lo próximo será convocar a los inscritos y las inscritas de Podemos y En Marea a una asamblea para votar sobre la validez del Teorema de Pitágoras. Un clamoroso caso de asoballamento, aldraxe y machismo -ya se sabe que los antiguos griegos eran todos unos falócratas y unos heteropatriarcales- que lleva envenenando las mentes infantiles desde el siglo VI a. C. ¿Por qué un triángulo macho y no una esfera hembra? Por no hablar de la discriminación entre la hipotenusa (casta) y los catetos (a xente do común). ¿Por qué el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos? ¿Acaso no somos todos iguales? ¿Y la flagrante incorrección política que lleva 2.700 años sosteniendo que el lado pequeño de un triángulo rectángulo, solo por ser de menor longitud, ya es un cateto? ¡Basta ya! Que la gente -la Gente con mayúscula mayestática y empoderada- juzgue a Pitágoras en un referendo a mano alzada en Vistalegre.

Aunque hay que tener cuidado, porque la última vez que se dejó en manos de los inscritos y las inscritas una cuestión importante, las bases optaron por soltar a Barrabás y crucificar a Jesucristo.

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