Fumata blanca con suspense


Asistimos ayer al alumbramiento, atípico y con suspense hasta última hora, de los Presupuestos del Estado para el año en curso. A media tarde me llama una diputada, hastiada de pulsar frenéticamente el botón, en un ejercicio digital tan baladí como inútil, consciente de que la suerte del Presupuesto no se decidía en el hemiciclo. La partida se disputaba fuera y con solo tres jugadores: el Gobierno, el nacionalismo vasco y el independentismo catalán. Los demás, de mirones, de aprietabotones o de comparsas del paripé. Incluida toda la izquierda, autoexcluida preventivamente, en fuera de juego desde que anunció su negativa a participar, estuviese en juego el oro, el incienso o la humilde mirra. Y todos los espectadores pendientes del desenlace de la partida, de la última carta que escondía sigilosamente en la manga el peneuvista Urkullu. Hasta que este la destapó y se produjo la fumata blanca. Habemus Presupuesto.

Ahora toca recoger las ganancias o, en su caso, agachar la oreja y esperar la revancha. El gran vencedor se llama PNV. Al cuponazo conseguido en la anterior escaramuza, le añadió ayer una montaña de inversiones y un tren de alta velocidad que probablemente llegará antes a Vitoria que el nuestro a Ourense. Obtuvo todo lo que exigió, incluida la contrarreforma de las pensiones -por dos años, de acuerdo- que la izquierda reclamaba en la calle. Solo sufrió un pequeño traspié que daña su imagen nacionalista: no pudo liberar a Cataluña del 155, fracaso no achacable a Rajoy, sino al empecinamiento del president Puigdemont-Torra en formar gabinete con presos y huidos.

El Gobierno también se muestra satisfecho. Ha conseguido el pasaporte indispensable para transitar lo que queda de legislatura. Un tiempo de prórroga para ventilar las cloacas de la corrupción que lo ahogan, sacudirse de encima el moscardón de Ciudadanos, pacificar el polvorín catalán e intentar apuntalar un edificio que amenaza ruina. El precio pagado es elevado, como le acaba de recordar Bruselas y como corresponde al mercado negro del voto, pero el tiempo constituye para el PP la mercancía más valiosa en esta coyuntura caótica. Ya veremos si sabe aprovecharlo o no.

Esta vez ha perdido la partida Puigdemont, o Quim Torra, que tanto monta. Aunque resulta arriesgado hurgar en la retorcida mente de un tahúr, puedo imaginarme su estrategia. Rajoy necesita levantar el 155 para que el PNV apoye el Presupuesto. Debemos impedírselo. ¿Cómo? Incluyendo un par de presos y otro par de fugados en el gobierno. Rajoy no puede permitirlo y sigue en vigor el 155. El PNV rechaza el Presupuesto y Rajoy cae. Tal estrategia, de impecable diseño, solo embarrancó por una minucia: el PNV antepuso «los intereses de la ciudadanía de Euskadi» a los intereses de Puigdemont. Y se apresuró a recoger sus dividendos.

¿Y los espectadores? Con el culo al aire. Lo bueno del Presupuesto, que algo habrá, se debe al PNV, a Ciudadanos y al PP. A los demás les queda hurgar en la basura, que también la hay, para justificar su absentismo.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
16 votos
Comentarios

Fumata blanca con suspense