Contrato sin trato


Profesor de Humanidades en la UDC

Ciudadanos sube en las encuestas. En momento de crisis de Estado, les basta con aparecer como los adalides de la patria para tener las mejores expectativas electorales. Suben por causas políticas pero también por causas económicas, concretamente por los apoyos de la banca y de la patronal. Acertó aquel presidente de banco que atisbó la conveniencia de financiar a un «Podemos de derechas», con pátina de regeneracionista, liderado por jóvenes sin pecado y con imagen impecable, para garantizar el futuro del negocio bancario cuando los populares estuviesen amortizados.

Tanto o más que la banca, con Ciudadanos está encantada la patronal, sobre todo con su propuesta de contrato único. El contrato único es el cebo en el anzuelo de la Ley contra la precariedad laboral, registrada por el partido naranja en el Congreso. Gracias a Ciudadanos, obreristas ellos, todos los trabajadores temporales se podrán convertir en fijos, al aumentar la indemnización por despido de 12 a 20 días por año trabajado. Siendo así, ¿por qué están los empresarios encantados con la propuesta? Porque paralelamente la indemnización de los trabajadores fijos bajará de 33 a 20 días por año trabajado. Se trata de una unificación a la baja, de luchar contra la precarización a base de precarizar.

Los reformistas reforman la reforma laboral y abren la puerta para despedir a trabajadores por sinrazones como: vaivenes en la demanda, variaciones en la cartera de clientes, cambios en la estrategia comercial, mejoras tecnológicas en los bienes de equipo, duplicidad de funciones laborales, nuevos objetivos sociales de la empresa y otros etcéteras etéreos.

En aras de la libertad, disimulan el despido libre; en aras de la legalidad, menoscaban los derechos laborales; en aras de la flexibilidad, ponen a todos a hacer flexiones. Para que los empresarios no abusen del despido libre, proponen ayudas y subvenciones a los que no despidan mucho.

Ciudadanos se presenta como el partido de la clase media argumentando que todos somos clase media. Se aprovechan de que ya nadie sabe bien qué es la clase media. Unos confunden clase media y burguesía, otros las diferencian. Unos se creen de clase media-alta, otros se sienten de clase media-baja. Unos vaticinan la decadencia de la clase media, otros destacan su expansión al haber fagocitado a la clase trabajadora. Unos observan que se ha diversificado al haber incorporado a profesionales terciarios de alta cualificación, otros advierten que se ha precarizado con la crisis. Unos tienen éxito y acumulan capital, otros fracasan y se proletarizan. Unos son cada vez más ricos, otros cada vez más pobres. No obstante, si la solución es el contrato único, la precariedad acabará certificando la unificación de la clase media y la clase baja. Si ese es el contrato, no hay trato.

Autor Pedro Armas Profesor de Humanidades en la UDC

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