La tierra de los suazis


Las agencias de prensa difundieron hace unos días la noticia de que Suazilandia cambiaba de nombre. El anuncio había sido hecho por el rey Mswati, alias Ngwenyama (el león), durante los fastos de su quincuagésimo aniversario. El país empleaba como endónimos Swaziland y eSwatini. Ahora, la única forma local será eSwatini, porque, según el monarca absoluto de las quince esposas, Swaziland se confunde a menudo con el exónimo inglés de Suiza, Switzerland

No estamos ante un verdadero cambio de nombre, como en su momento hicieron Alto Volta, que en 1984 pasó a denominarse Burkina Faso (‘patria de los hombres íntegros’), o Dahomey, que desde 1975 se llama Benín. Es solo la opción por una de las formas del topónimo. En suazi, la lengua del país, eSwatini significa ‘la tierra de los suazis’, lo mismo que Swaziland en inglés y que Suazilandia en español. El nombre está formado por el del grupo étnico mayoritario, suazi-, y -landia, elemento compositivo que significa ‘sitio de’ o ‘lugar de’. La versión inglesa, Swaziland, tenía además el inconveniente de ser la que ya se empleó durante la colonia. Donde prosperará la reivindicación toponímica es en la ONU, que venía usando en inglés, francés y español Swaziland, aunque los españoles empleásemos el exónimo Suazilandia. En la lista toponímica de las Naciones Unidas, que tiene carácter de recomendación, aparecen los endónimos de varios países que pretenden imponerlos a todas las lenguas pese a tener forma propia en algunas de estas. Uno de esos casos es el de Costa de Marfil, que en los años ochenta pidió que en todos los idiomas se emplease el nombre en francés, République de Côte d’Ivoire, que tiene el inconveniente, entre otros, de que no lo saben pronunciar quienes no hablan esa lengua. Otro país que pretende que se use una única forma de su nombre es Bielorrusia, que en la lista de la ONU en español es Belarús. La antigua Alba Rutenia fue Rusia Blanca hasta la Revolución Soviética, y cuando abandonó la URSS, en 1991, el sóviet supremo del país decretó que la nueva república fuese Belarus en las transcripciones del nombre ruso a otros idiomas. Caso similar es el de Birmania (Myanmar).   

Parece que lo más prudente es aceptar los cambios de nombre cuando realmente lo son, y mantener el exónimo español cuando, como dice la Ortografía, se trata de meras reivindicaciones de las formas locales.

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