El retranqueiro que no pudo filmar en Galicia


Después de su enorme éxito con Miguelín, que lo llevó a ser el primer director gallego que entró por la puerta grande en el MoMA para representar a España en la New York World’s Fair de 1964, Horacio Valcárcel trabajó con ilusión en el que habría sido segundo largo, El pájaro ciego, guion compartido con Francisco González Serrano, previamente obra teatral y ganador en 1966 del primer premio en el concurso del Sindicato Nacional del Espectáculo. Tanto que se anunció su rodaje en Compostela y alrededores para filmar una trama ambientada en las peregrinaciones durante el medievo. Costaría 30 millones de pesetas y tendría un reparto internacional. Y no pudo ser... Quizá esta frustración lo llevó a renunciar a dirigir ficción.

Pero Galicia siguió presente en su vida y su trabajo, cuando, por ejemplo, en 1970 realizó para el espacio Tele-Club de TVE, el documental Méndez Núñez, sobre el gran marino gallego, con texto de José Filgueira Valverde. Como también estaba presente la mejor retranca luguesa cuando tocaba afrontar sus guiones, primero para Mercero y sobre todo para Garci desde 1981. Que hay sino retranca en sus aportaciones al filme Espérame en el cielo (1988), sobre un doble de Franco para Mercero. Con el director asturiano Garci, además de amistad, compartía erudición cinefilia de raigambre clásica en la revista Nickel Odeon.

Le conocí en Betanzos, cuando, invitado por Chema Paz Gago, coordiné una mesa en la que Valcárcel desgranó jugosas anécdotas sobre su buen amigo Garci, el mismo que en el 2004 lo invitó a realizar un cameo, su única aparición en pantalla, en Tiovivo c. 1950. Me pareció adusto pero elegante y, sobre todo, muy retranqueiro.

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