En defensa de una Justicia garantista

OPINIÓN

Jesus Diges | EFE

30 abr 2018 . Actualizado a las 08:43 h.

Después del populismo emocional que destrozó la gobernabilidad del país, el pueblo español quiere probar también la justicia emocional, que tipifica delitos y determina pruebas en manifestaciones y redes sociales, y el populismo legislativo, que convierte a los diputados en meros copistas de emociones y sentimientos callejeros.

 Es cierto que nunca dejé de criticar a los jueces. Nunca consideré que el acatamiento de las sentencias fuese un requisito esencial de la justicia democrática, ya que, siendo evidente que la Justicia tiene legitimidad y poder para asegurar su independencia y sus veredictos, prefiero exigir que todas las sentencias se ejecuten, antes que adornarlas con una aquiescencia servil, medieval y estéril.

Lo que nunca hice, ni haré ahora, fue sumarme a la crítica populista y colectiva con la que se quiere socavar, confundir y degradar el papel sistémico de la Justicia, para que, en vez de interpretarla como la garantía del inocente y de sus libertades, se entienda como una institución represora, orientada a dar satisfacción a las víctimas y a poner coto a los desmanes que la sociedad no puede evitar, o que incluso llega a promover mediante algaradas y botellones seudoculturales y libertarios -tipo San Fermín- donde el alcohol, la droga y el incivismo se convierten en traicioneras evidencias de modernidad, libertad, laicismo e individualismo.