La frescura de la tele de Milá


Antes de Évole había mucha vida en televisión. Antes de Risto, de Jorge Javier e incluso de Ana Rosa. Basta con haber echado un vistazo a las imágenes que Salvados dio el domingo de algunos de los programas que hizo Mercedes Milá hace años para encontrar toda la frescura que hoy echamos de menos. Más allá de simpatizar o no con sus opiniones, es innegable la valentía con la que Mercedes sigue despejando todas las incógnitas. Lo consiguió también con Évole, cuando se desnudó como una mujer de apariencia fuerte que ha sufrido depresión, pero que jamás ha tenido miedo al qué diran. Esa osadía aristocrática y relamida, lejos de restarle puntos en el cara a cara, le ha servido siempre para mirar a sus invitados de frente con un punto resuelto de chica lista. La Mercedes de Umbral o la Mercedes que destapó el rumor que daba por muerto a Miguel Bosé se la jugaba a lo grande en las entrevistas, en una tele que ella desencorsetó cuando más falta hacía. Pero aun ahora ha sido de las pocas en espetarle a «San» Jordi que le hacía mucha falta que «le cayera encima la del pulpo», que es una manera clara de invitarlo a no acomodarse y a alejarlo de cualquier pose snob o de tufillos puristas. Milá siempre ha ido libre y muy por delante, sin ningún tipo de complejos: «Yo hago televisión para que la gente me quiera». ¿Alguna razón mejor?

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